lunes, 9 de febrero de 2015

Poster: el elemento olvidado.

     Como ya les he compartido en publicaciones anteriores, me dedico a dar clases de actuación.
     A la escuela llegan varios grupos locales a dejar algunos posters y postales para publicitar sus trabajos. Obviamente buscando a un sector interesado en ver las propuestas escénicas locales.
     Entiendo que si de algo carecemos los grupos independientes es de presupuesto. Esto ocasiona que intentemos reducir los costos y que rara vez (si es que alguna) podamos contratar los servicios de un publicista pero, en muchos casos, los resultados son... risibles, por decir lo menos (no compartiré imágenes para no hacer leña del árbol caído).
     Y es que no es cualquier cosa. Un poster es el primer contacto que un potencial público va a tener con nuestro trabajo y, por tal motivo, debe animarlo a acercarse al foro y experimentar la puesta en escena. Por ello, escatimar esfuerzos en conseguir una imagen atractiva es muy mala idea.
     La decisión más inteligente que podríamos tomar es, sin duda, contratar profesionales del diseño de imagen. Pero, como ya dijimos antes, es algo bastante complicado, a menos que encuentres uno que trabaje gratis (cosa que no recomiendo a ningún profesional, sin importar su giro). Ésto no nos impide PREPARARNOS para aumentar nuestra capacidad de crear un poster digno.
No soy un conocedor al respecto, afortunadamente cuento con el apoyo de un mercadólogo cuyos conocimientos y habilidades dotan de imágen todo trabajo del grupo, así como el logo que nos identifica.
     Sin embargo quiero compartirles mis recomendaciones, la observación que mis poco entrenados ojos han hecho de los errores más comunes en los posters de teatro:

Imágenes que no comunican: El objetivo principal de un poster es dar a entender un idea con pocas o nulas palabras; que a primer vistazo se pueda identificar el mensaje. En éste caso, el mensaje es qué vamos a ir a ver, de qué va la obra.
Los estudios de Hollywood (no porque no se equivoquen, pero al invertir tanto dinero en una producción, le dan mucho peso a la publicidad y su respectivo diseño de imagen) no sólo tienen una foto que nos incite a ver la película (claro, presentándonos a los actores, generalmente famosos), sino además, está realizada utilizando la misma estética que la película (mismo tipo de fotorafía, filtros, lentes, ángulos) de manera que se convierta en una extensión de la cinta.
Por supuesto que no podemos hacer lo mismo, nuestro arte no es uno fotográfico. Sin embargo, sí debemos dar un sentido estético a la imagen, que nos adelante el estilo de puesta en escena que vamos a ver. Si no sabes qué estilo estético es tu obra... el cartel es la menor de tus preocupaciones.


Demasiada información escrita: Tendemos a confundir los posters con páginas de una libreta de notas. Además de la imagen, le agregamos slogan, nombres de los participantes, dirección, cómo llegar, costos desglosados, fechas específicas, horarios detallados, redes sociales, teléfono y un innumerable etcétera.
Todas son piezas de información importante, pero no todas son dignas de un poster. Recordemos que el objetivo es mandar un mensaje a golpe de vista, no es un señuelo para que la gente se acerque a leer un rato. Así que sean selectivos con lo que van a escribir en sus  carteles.



¿Quiénes se presentan?: Paradójicamente, me ha tocado ver grupos que hacen todo lo contrario, ponen tan poca información que es difícil identificar que se trata de una obra de teatro (dicen dónde se presentan, pero bien puede ser un espectáculo de danza o algún concierto).
O, aún más intrigante, olvidan poner quién está presentándose. No sólo no escriben sus nombres, ni el del director, ni el de los actores; tampoco ponen quién escribe la obra o cómo se llama el grupo. Irónicamente la imagen era una foto del ensamble en unos vestuarios muy feos. Parecía más una obra de primaria que un trabajo en serio. Si le agregamos que nadie firmaba el montaje, no fue un trabajo que quisiera ir a ver.
No importa que sea tu primer montaje o lleves años en el medio, siempre busca dejar tu nombre (o el de tu grupo) en la mente del público. Robert DeNiro es un nombre muy reconocido, pero empezó poniéndose en los créditos cuando nadie sabía quién era (fuera, claro esta, de su familia y amigos).

     Si no les interesa voltear a Hollywood para crear sus posters, fíjense en Broadway o en el West End. La simpleza ante todo. Información clara y bien organizada.

Guillermo Herrera

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viernes, 5 de diciembre de 2014

Una imagen dice más que mil palabras.

      La fotografía que verán a continuación me la encontré navegando por la red. desconozco quién es su autor o cuándo fue tomada, ni siquiera puedo asegurar que no haya sido modificada/creada con photoshop o algún programa similar (en verdad deseo que así sea); pero es una clara representación de nuestra triste realidad. Estaba en un compendio de imágenes divertidas... aunque sigo sin encontrarle el humor.


      Lo que apreciamos es un grupo de jóvenes, probablemente en una excursión escolar en un museo, completamente desinteresados por el maravilloso trabajo de Rembrandt, "La ronda nocturna", por estar pendientes de sus teléfonos celulares. Lo repito, más que humor me parece una terrible alerta.
      No, no soy de esos que culpa de todos los males del mundo a la tecnología. Estoy completamente fascinado con los alcances que las telecomunicaciones nos brindan. Cargo todos los días con mi celular y estoy frecuentemente revisando mis redes sociales y navegando en internet. Creo que, como todo lo demás, no es la herramienta la culpable, sino el uso que le damos. Es decir, si alguien choca por estar mandando un mensaje de texto, no debemos satanizar al teléfono, el conductor no estaba prestando atención al camino, cosa que pudo ocurrir por un celular, un letrero en la calle o seguir con la mirada a una muchacha en el camino. La tecnología sólo potencia nuestros intereses.
     Lo que nos trae de regreso a la imagen. Lo alarmante de la misma no es que los muchachos prefieran estar viendo el video del "Gangman Style" en sus celulares (o lo que estuviesen viendo) sino que se muestran indiferentes a la obra maestra a su lado. Eso no es por sus celulares, los teléfonos les brindan el medio de escape pero su atención no se maravilla con el arte, tengan o no Wi-Fi disponible. Eso es resultado de la educación recibida.
      Y no me refiero al trabajo del profesor que piensa que es suficiente con llevarlos a un museo y dejarlos deambular libremente por ahí, sino a los padres que, de forma más que evidente, no los han acercado a las bellas artes, no les han inculcado una sensibilidad estética, permiten que la pantalla táctil del celular sea su único contacto con el mundo.
     Pensar que llevar a un niño al museo es suficiente para acercarlos al arte es tan absurdo como asumir que sólo se precisa ver a una persona para enamorarse de ella. La vista crea el acercamiento, pero debemos conocerla para llegar a sentir algo por ella. Es igual para el mundo del arte, no es cuestión de ver una obra, sino que debemos conocerla para poder enamorarnos.
     La apreciación estética es como correr, todos podemos hacerlo pero es necesario desarrollar la habilidad para no desfallecer en el intento.
      Por eso, querido lector, te propongo que la próxima vez que veas a unos muchachos sufriendo en un museo, ignorados por su profesor, copiando lo que dice la ficha bajo la pintura; te acerques y les compartas algo de tu experiencia estética. Muy probablemente te van a mandar al diablo pero, quizá, logremos sembrar la semilla del arte en alguno de ellos. Eso es siempre un bien universal.

Guillermo Herrera

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viernes, 28 de noviembre de 2014

La imagen y por qué cuidar sus cambios.

      En estos momentos me encuentro en un enorme predicamento, estimado lector, la boda de mi hermano se celebrará éste fin de semana y me es prohibitivo rasurarme y cortarme el cabello para verme ad hoc a la ocasión. El motivo de mi imposibilidad, hice una audición para un comercial y me encuentro esperando la resolución.
      Podría sonar descabellado para todo aquel ajeno al medio actoral (ya sea en la parte teatral o audiovisual del mismo) pero decidir y mantener una imagen para tal o cual personaje, es muy importante en el quehacer de ésta actividad. Si llegas a una prueba con, como fue mi caso, una barba cerrada, debo mantener el mismo look hasta que los productores me digan lo contario. Muchos trabajos se han perdido por la "inocente" decisión de pasarse el rastrillo o hacerse unas "mechas" en el cabello.
      Sé que puede sonar banal, que la imagen predomina sobre las habilidades histriónicas. Idealmente las capacidades que demuestres en tu prueba serán las que determinen si te quedas o no con el trabajo, sin embargo, la imagen es lo primero que la gente percibe de nosotros y, es natural, que la gente se haga una idea de nuestra persona basada en la misma. Por tal motivo los productores tienen de antemano una imagen "ideal" del personaje en cuestión. Para esto se suele emplear el book, una carpeta con información personal y una serie de fotos presentando distintas imágenes. Para demostrarle a los productores los diferentes looks que puedes conseguir.
      Aún así, la imagen con la que presentas tu audición, es con la que esperan encontrarte cuando te contacten. Si necesitan que modifiques tu apariencia, te lo notificarán con tiempo.
      Ya sé que algunos de ustedes estarán pensando que los actores somos unos tontos por permitir que los productores nos reduzcan a una simple imagen, una "cara bonita" sin talento aparente. La frase "no se debe juzgar lo de de afuera, lo que en verdad importa es lo de adentro" debe estar sonando en sus cabezas. Y tienen razón, la imagen de una persona no determina sus habilidades o intensiones. Sin embargo, acompáñenme en un ejercicio de imaginación:
"Se encuentran en una fiesta. La música suena a todo volumen. Estas con unos amigos, platicando, divirtiéndose. De pronto, al otro lado del salón, entre la multitud, ves a una persona que llama tu atención, te atrae por encima de la gente a su alrededor. Esta con su grupo de amigos. No alcanzas a escuchar de qué están conversando pero debe ser algo divertido porque, sin que lo esperes, ríe y ésa sonrisa te cautiva, te congela. No puedes quitarle los ojos de encima. Prácticamente dejas de poner atención a la plática de tus amigos. Después de unos tragos de "valor líquido" te decides, te pones de pie y te acercas con la firme convicción de iniciar una conversación con..."
     Si todo salió bien y te imaginaste a una persona que te guste (en mi caso visualicé a Scarlett Johansson) sentiste la emoción de la conquista y, cegado por la misma, no notaste que todo fue basado en la imagen. No hay manera que, a esa distancia, pudieras saber qué hay en su interior. Imposible deducir si alguien es o no buena persona con sólo verlo. Sin embargo, su imagen fue determinante para acercarte y conocerla.
     Éso es lo que los productores buscan, el público decidirá, basado en la imagen de alguien, si quiere o no conocer a dicha persona. Por eso buscan tipos físicos que representen al sector al que apelan.
      Entonces debemos reconocer que la imagen es significativa para el actor que busca trabajar. Por tal motivo, no entiendo aquellos que deciden tatuarse.
      No me malinterpreten, me encantan los tatuajes, es un arte gráfico fabuloso (los bien hechos, claro esta) y si no me dedicara a la actuación no dudaría en hacerme uno. Si no me dedicara a la actuación.
       El problema que tengo es que los actores, en búsqueda de expandir nuestro rango de personajes (recordemos que nos limita nuestra edad, experiencia, técnica y apariencia) debemos buscar vernos lo más neutrales posibles para, a partir de ahí, acercarnos al personaje que buscamos. Un tatuaje es una marca que esta presente, no nos podemos quitar y limita los personajes que podemos representar. Es encajonarnos en un tipo muy específico de personaje y cerrarnos las puertas para todo lo demás. Una muy mala decisión, si me lo preguntan.
      Y ya sé, hay famosos actores de Hollywood que tienen tatuajes visibles, los tatuajes se pueden cubrir con maquillaje o digitalmente. Es cierto, pero eso cuesta dinero y los actores famosos (Angelina Jolie, Brad Pitt, Johnny Depp) generan ganancias por su presencia en el proyecto. Si alguien va a brindar ganancias de $300 millones de dólares en boletos de cine, ¿qué importa que nos gastemos unos cuantos miles en ocultar su "tinta"? 
     Pero el actor principiante, cuyo número de asientos en la sala se limita su familia y amigos cercanos no genera lo suficiente para justificar el gasto que se va a hacer en tapar su tattoo. ¿Para qué contratar a aquel que nos va a dar problemas de vestuario o generar gastos extras de maquillaje cuando tenemos a una docena más que puede hacer el mismo trabajo sin requerir del costo extra?
       Lo repito, tatuarse en el mundo histrión me parece una mala decisión.
Muchas gracias por leer y compartirnos y, ¡nos vemos en el teatro!

Guillermo Herrera

¿Ustedes qué opinan al respecto? Nos encantaría conocer su opinión en nuestras redes sociales:

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PD: Al momento de la publicación de éste artículo ya estoy felizmente rasurado. Triste en materia económica porque no me quedé con el personaje pero, al menos, no tuve que ir a la boda de mi hermano como un vagabundo. Gracias por leernos.



martes, 4 de noviembre de 2014

La Muestra Estatal de Teatro y la comunidad auto-complaciente

     El pasado domingo 12 de octubre finalizó la Muestra Estatal de Teatro en Jalisco. Tuvimos la oportunidad de ver, de forma gratuita, poco más de una docena de trabajos de las más variadas técnicas, estilos y temas. Grandes actuaciones, interesantes propuestas, distintos niveles de aprovechamiento del complejo lenguaje escénico... lamentablemente la gente no se enteró.
     La Muestra Estatal es un evento anual en el que se agenda lo mejor del teatro del estado (existen bases para inscribir su obra y se debe pasar una etapa de selección). Cualquiera puede acercase a los foros y entrar de forma gratuita a disfrutar del trabajo. Únicamente se pide a los asistentes llegar con una hora de anticipación, ya que se entregan boletos (reitero, sin costo) para llevar un control de la función.

     Así es que hubo personas que, pese a llegar 2 horas antes de la hora marcada, se quedaron con las ganas de entrar a la función que deseaban, ya que se acabaron los boletos desde muy temprano. Ésa es la generalidad de la Muestra Estatal: teatros a reventar, personas que se lamentan en la banqueta por no alcanzar lugar, actuaciones aplaudidas por una, lamentablemente atípica, sala llena, filas de ingreso que le dan la vuelta a la cuadra; un éxito a los ojos de cualquier persona. Tristemente es todo una ilusión.
     Como dije al principio del escrito, la gente no se entera, las agendas casi no tienen difusión, los posters se pegan en contados establecimientos, el cronograma es complejo y no existe la apropiada explicación de las distintas sedes y diferentes horarios, un caos. Un triste caos.
    Entonces, ¿cómo se explican las numerosas asistencias? ¿Por qué digo que es una ilusión? La razón por la que difiero con Secretaría de Cultura y no veo como un rotundo éxito al festival es que esta lleno de estudiantes y profesionales de la actuación. Parece ser que los organizadores están complacidos con que aquellos que estudiamos o nos dedicamos a las artes escénicas seamos los únicos que sepamos de la existencia de la Muestra.
    No tiene nada de malo que el gremio este al pendiente de los suyos. Es importante que conozcamos los trabajos que realizan nuestros colegas, así como ser visto por los demás artistas escénicos, eso formará vínculos entre nosotros y nos brindará la oportunidad de aspirar a trabajar con más gente del medio. Pero, ¿ése es el objetivo de la Muestra Estatal?
     Por mi parte, encuentro muy triste que, terminando la Muestra, los teatros tapatíos luzcan con su habitual aforo de 15 espectadores. Creo que ése es el principal error y peor faceta del auto-engaño.
    ¿De qué sirve que los trabajos sean vistos por un centenar de colegas que corren a las salas sin pagar? Al fin y al cabo, ellos no son los que van a mantener a los demás grupos, ellos no van a convertirse en públicos frecuentes. Todos los grupos trabajamos más o menos en los mismos horarios, así que, aunque lo deseemos, nuestras funciones o ensayos nos impedirán asistir al teatro con la frecuencia que quisiéramos. Ninguna comunidad artística se sostiene mediante el consumo de sus propios creadores.
     La Muestra debería fomentar al público general, ése que no acostumbra a ir al teatro, a acercarse a las salas, ver lo que los artistas locales están haciendo (la pre-selección funcionaría para que el público novel no se lleve una decepción al encontrarse un trabajo de dudosa calidad) y confíe en regresar. Pero para que éso suceda, primero deben enterarse que se esta llevando a cabo.
    Ojalá las autoridades correspondientes se pongan las pilas, aprovechen los recursos destinados a ésta celebración para ayudarnos a eliminar uno de los muchos estigmas del teatro local, nos esforzamos por crear obras de calidad... pero el público potencial no lo sabe.

Guillermo Herrera

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viernes, 10 de octubre de 2014

La pregunta que me ayudó a reflexionar

     Éstas últimas semanas he estado desconectado del blog porque tuve la oportunidad de participar en un taller con el objetivo de acrecentar mis conocimientos sobre el quehacer escénico. Precisamente al respecto van a ser mis próximas colaboraciones.
     Lo primero que les quiero compartir es lo que me ocurrió el primer día del taller. Como parte de una dinámica grupal, debimos presentarnos frente a los compañeros y contestar las preguntas que les nacieran a los demás, a fin de conocernos y romper las barreras que pudieran existir entre nosotros debido a la vergüenza social.
     Debo aclarar que no era un taller exclusivo para la comunidad teatral, se trataba de un taller de comedia y estaba abierto a todo aquel que tuviese interés en experimentar el roce con el público. Dio la casualidad que yo era el único profesional del teatro que me encontraba estudiando, lo cual habla también del menosprecio que tienen algunos colegas a la comedia y sus subgéneros (pero eso será tema de otra publicación). Aún así, nada me preparó para la pregunta que se me formuló.
     Resulta que uno de mis compañeros tomó la palabra y me preguntó, "¿qué te hace sentir que las ex-participantes de reality shows y demás pseudo-estrellitas con preparación nula (dijo nombres específicos pero no es mi cometido quemar a nadie) se hicieran al teatro y todos tuvieran sus "obras" en escena?
     Debo reconocer que me quedé sin palabras, ¿qué le contestas a alguien que te hace ésa pregunta? ¿Cuál es su intención al hacerla? ¿Quiere verme rabiar frente a todos? o ¿prefiere que siga mis instintos y llore?
     La cuestión no me es del todo ajena, es un tema tristemente recurrente dentro de la comunidad teatral. Sin embargo, ahí la respuesta está implícita, todos los odiamos, criticamos y avergonzamos de que presenten como obra de teatro lo que es nada más un programa de televisión con audiencia en vivo. No es lo mismo, aunque a muchos les pudiere parecer. Ambas actividades, pese a tener una finalidad común, contar una historia, tienen lenguajes

distintos y no se pueden desarrollar de la misma manera.
      Pero en ésta ocasión no estaba frente a mis colegas o alumnos. Ellos no buscaban una clase sobre mis pensamientos acerca de cómo debe hacerse y respetarse la actividad teatral. No quería ser visto, desde el primer momento del taller, como un pedante y antisocial actorcillo con aspiraciones artísticas supremas. Sin importar si lo sea o no.
     Por fortuna llegaron a mi mente las imágenes de Heath Ledger, Johnny Depp, Tom Waits y el mismísimo Sir Mick Jagger para rescatarme de mi predicamento. Todos ellos, en mayor o menor cantidad, se han metido a la actuación y, sin convertirse en los actores que el mundo esperaba, lo han hecho bastante bien, se conectan a la ficción, la viven y la transmiten con una convicción absoluta. Y el punto en común entre ellos es que ninguno estudió actuación.
       Por lo tanto, lanzo la pregunta al aire, ¿son necesarias las escuelas?
     Quizá sea incoherente que yo me refiera a éste tema, tomando en cuenta que me dedico a dar clases de actuación desde hace varios años. Sin embargo, escribo éste blog a partir del profesional de la escena que soy, no de mi parte docente. Por tanto puedo decirlo abiertamente, no son estrictamente necesarias.
      Partamos desde el hecho de que la nuestra es un oficio, uno hermoso, pero oficio al fin y al cabo.       Al denominarlo oficio no quiero menospreciarlo o catalogarlo como algo menor, al contrario, requiere de mucho trabajo para poder ser dominado y nunca dejas de aprenderlo. Sin embargo, al tratarse de un oficio, estamos hablando de alguna actividad que se puede aprender haciendo, practicando habitualmente, ejerciendo.
    Además, tomemos en cuenta que las escuelas que reverenciamos tienen apenas alrededor de una centuria de existencia. Comparado con el par de milenios desde los primero vestigios de teatro escrito, en Grecia, palidecen por su insignificancia.
     Lo anterior no quiere decir que antes se hacía teatro a ciegas. Había técnicas y escuelas (a falta de una mejor palabra) pero se han perdido en los anales del tiempo. Por ejemplo tomemos a la Comedia del arte, sabemos que existió, algunos de sus fundamentos, pero su técnica y forma precisa la desconocemos.
     Las escuelas evolucionan y se superponen unas a otras. ¿Esto quiere decir que las últimas tienen la verdad absoluta y las anteriores eran falacia? Lo dudo, después de todo, fue gracias a ellas que el teatro, ése arte que tanto amamos, ha sobrevivido hasta nuestros días.
     La razón por la que las "escuelas" anteriores se han perdido es porque se enseñaban como oficio, es decir, se pasaba de "maestro a alumno" a través de la práctica. No existían textos escritos, no había edificios especializados en su enseñanza, pero eso no quiere decir que fuera malo.
    Entonces, ¿se puede aprender a actuar sin ir a una escuela, solamente practicándolo? Si, si se puede. Se precisa, para lograrlo, de mucha constancia, un ojo auto-crítico muy agudo y el apoyo de alguien externo que te dé los "nortes" que necesitas para avanzar por el complejo camino de la actuación. Y va a tomar mucho tiempo.
    Por lo tanto, ¿cuál es la función de las escuelas? Pues, su importancia estriba en que acortan los pasos, el proceso se vuelve más veloz y eficaz, el camino es más claro. 

¿Qué opinan respecto a las escuelas de teatro? ¿Estudiaron en una? Compártannos en cuál y cuál fue su experiencia.

Guillermo Herrera

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lunes, 1 de septiembre de 2014

Los críticos, Parte 3

     Al hojear cualquier publicación impresa de noticias de entretenimiento/cultura o al sintonizar cualquier programa de revista matutino nos toparemos con una creciente cantidad de autodenominados "expertos en cine" quienes buscan recomendarnos qué películas debemos ver ésa semana.
      La mayoría de dichos "conocedores" se limita (por decisión de la empresa o incompetencia personal) a leer la cartelera local. Si bien nos va, dan una breve sinópsis del filme en cuestión. Existen otros más aventados y/o conocedores que se aventuran a proveer al lector/escucha con una crítica en toda la extensión de la palabra.
     Eso es muy bueno porque, como ya les compartí en las primeras 2 partes de ésta serie (Los críticos parte 1 y parte 2) el trabajo de una crítico ayuda a acercar al trabajo con el público general, les facilita la selección de qué ver.
     Realmente me preocupa ésta desigualdad en número de críticos de cine versus los críticos de teatro porque, ¿cómo pretendemos generar mayor público si no los familiarizamos con las propuestas en cartelera?
Un principio lógico es decir, a mayor promoción de obras de teatro, entre más y mejores críticas y, en consecuencia un público enterado de la cartelera teatral, mayor el número de espectadores en las salas, ¿cierto? Entonces, ¿por qué no hacemos más publicaciones de críticas teatrales? ¿No queremos más personas en las salas?
     Siguiendo ésta lógica podemos concluir que si nos esforzáramos y, en un mundo utópico, lográramos publicar una crítica teatral por cada crítica cinematográfica, tendríamos una posibilidad de acercarnos a la enorme cantidad de público del que goza el séptimo arte.
     Dejando de lado la limitante cuestión de la oferta-demanda (poca gente se interesa en temas teatrales, por tanto se publican pocos escritos al respecto lo que genera que poca gente conozca y se interese en temas teatrales.) que termina por generar un círculo vicioso, la verdad considero que, aún teniendo todas las facilidades de nuestro lado, jamás podríamos tener igual número de críticos de teatro como los hay de cine. La razón, el arte escénico es más complejo. No quiero, con éste comentario, menospreciar el trabajo de los críticos de cine, algunos de los cuales respeto y atiendo con frecuencia (esté de acuerdo con sus opiniones o no), sin embargo, sí creo que es más difícil formular una buena crítica teatral por el simple hecho de que el teatro es más complejo por naturaleza.
     Nuevamente, no quiero sonar pedante, ni ofender con mi comentario a nadie. Definitivamente no quiero poner en un pedestal al teatro y acusar al cine de simplista. Yo he trabajado en ambos medios, escénico y audio-visual, tengo un alto respeto por ambos y pretendo continuar una carrera en ambos medios. No me refiero a su complejidad/facilidad de su concepción como arte creativo, sino estrictamente desde la perspectiva del espectador.

      He aquí las razones para mi conclusión:

1) Realismo fotográfico

     Como todos sabemos, el cine es una proyección de 24 fotografías por segundo, lo cual genera la ilusión de movimiento en la imagen.
    En otras palabras, el cine es un arte que nace del aprovechamiento de la tecnología usada para otra actividad artística, la fotografía.
     Por su naturaleza, la fotografía muestra, intentando crear una belleza estética en el proceso, algo físico, palpable, existente.
     El cine sigue éste principio. Aún en las producciones que usan (abusan) de la pantalla verde, se rigen en dicho principio. Quizá no exista algo real, algo que los actores puedan ver y a lo que puedan reaccionar. Sin embargo, se digitalizará aquello que se desea sea visto por el espectador. Eso genera un público pasivo, no tiene que involucrarse ya que todo se presenta frente a sus ojos.
     Por su parte, el teatro tiene una base simbólica. Resignificamos los objetos y las acciones que existen en el escenario. De tal manera que tenemos, como público, que completar aquello que se está representando en escena. Es decir, nuestra imaginación está activa, trabajando en compañía con los actores, para un buen desenvolvimiento de la historia.

     Básicamente, al ver teatro tienes que activar los mismos "músculos" creativos de nuestra imaginación, que aquellos que funcionan al leer un libro. No ves únicamente las palabras, generas las imágenes de lo que te están contando.

2) Disponibilidad de horarios

     Ésta es una razón bastante obvia. Razón además del por qué el cine y el teatro no son y jamás serán una competencia, horarios.
    Cualquier persona (los críticos incluidos) puede ir a ver una película en una considerable cantidad de salas de proyección y vario horarios. Lo cual le da una flexibilidad a su agenda. Si de todas formas es imposible alcanzar una de éstas funciones, puedes verla en la comodidad de tu casa ya sea en disco (DVD/BlueRay) o streaming. Eso hace que siempre se encuentre un momento conveniente para ver una película.

   El teatro, por su parte, nos presenta una limitación, sólo puedes presentar un número limitado de funciones al día, porque los actores se van a cansar y el foro tiene un horario de trabajo. Además, puedes presentar una obra en un sólo foro a la vez, lo que obliga al espectador (nuevamente, incluido el crítico) a trasladarse a sitios, quizá lejos de su hogar.
     Esto no hace del teatro una actividad inconveniente per se, pero sí le agrega unas dificultades que muchas personas, por desgracia, adoptan como razones de peso para no asistir a vivir la gran experiencia del teatro.

3) Experiencia en vivo

    Sí, sé que este punto puede considerarse una de las mayores fortalezas de un espectáculo teatral, las emociones transmitidas por una persona de carne y hueso son más intensas que las que podemos recibir de una imagen proyectada. Sin importar el maravilloso trabajo actoral del cineasta.

   Pero muchas personas se sienten intimidadas por la fuerza sensorial, se sienten expuestas. Por el contrario, la oscura sala del cine, donde no se me exige ningún trabajo y me puedo volver un ente anónimo y pasivo, se convierte en un atractivo "refugio".

4) Precio

     Si, éste es un punto que nos pega bastante, la economía.  Como ya dije antes, una película se filma una vez y se puede proyectar en decenas, centenas o millares de salas alrededor del mundo, con 5 funciones diarias en cada una. Además, los involucrados en su creación ya hicieron su trabajo y no deben hacer el esfuerzo nuevamente, es decir, la película gana sin tener que pagar salarios nuevamente. 
     Por el contrario, el teatro se debe generar el mismo esfuerzo a cada función que se realice. Eso aumenta los costos de realización, al menos no los reduce. Cada función nos cuesta lo mismo que la anterior, tanto en esfuerzo como monetariamente, ya que se le debe pagar a los actores y equipo técnico cada vez que trabajen, cada que se presente una función.
     Lo anterior hace que tengamos que cobrar al espectador un boleto ligeramente más costoso que aquel del cine. Y todos sabemos el peso que tiene la economía sobre nuestras decisiones.

5) La misma experiencia, las veces que sea.

     Éste punto es el que considero el mayor desafío para un crítico de teatro y la razón por la que coloco su esfuerzo por encima de su contraparte cinematográfica, la naturaleza efímera del teatro.
     En pocas palabras, una película, una vez que ha sido filmada y editada, va a mantenerse igual, el actor va a reaccionar siempre de la misma forma, la música entrará en segundo exacto para generar la emoción deseada, la transición de escena a escena siempre será el igual. Sin importar si se ve en el cine o en casa, en invierno o primavera, de día o a media noche, la película siempre será igual... bueno... a menos que la haya dirigida Steven Spilberg o George Lucas, entonces cambiará cada 5 años. Pero la naturaleza del cine dicta que, película terminada, siempre se mantiene igual.
      El teatro, por su parte no puede responder a tal principio. Es un arte efímero, lo que lo hace pasajero. Se reinventa al inciar una función nueva.
     El teatro es una experiencia que se genera a partir de la combinación de 3 elementos básicos, el material, los actores y el público.A falta de uno de los tres, la función de teatro es imposible. 
      El único elemento del trinomio que no es tan susceptible a cambiar de una función a otra es el material, la obra escrita. Por lo general, se presenta siempre los mismos textos. Quizá se hagan unas modificaciones después de las primeras funciones, para corregir algún momento que no haya funcionado como se tenía planeado, sin embargo, llega un momento en que aterrizamos en un texto que mantendremos igual a lo largo de la temporada. 
     No así los actores. Y no me refiero al hecho de que vayamos a cambiar el elenco cada 5 minutos. Eso haría un grupo teatral inestable. Sino al hecho de que, por más profesionales y experimentados, somos seres que estamos trabajando con nuestras emociones, las cuales, se ven afectadas por el día a día. Esto no implica que vamos a dar una gran función un día y algo terrible al siguiente. Las afectaciones de las que hablo son sutiles, algunos podrían tacharlas de intrascendentes pero afectan el resultado, lo hacen distinto cada vez.
      Por si esto no fuera suficiente, el público no es el mismo de una función a otra. Y aunque lo fuera, al igual que los actores, no están siempre igual, se ven afectados por su rutina diaria. Y, si bien no están activamente en el escenario, afectan la función de una manera fundamental. Ya lo decía Shakespeare:

"El éxito de una broma yace en el oído de aquel que la escucha, nunca en la lengua de aquel que la hace."

   ¿Cómo realizar una crítica coherente de algo que está tan sujeto a tantas variables? Con muchísimo esfuerzo. Por eso hay tan pocos que lo realicen.

Guillermo Herrera

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lunes, 4 de agosto de 2014

Fin de semestre. Nuevos proyectos.

      Cierre de semestre, entrega de trabajos finales, exámenes prácticos. Así fue mi semana anterior. Ésa es la razón por la que no pude darme el tiempo de escribir una publicación.
     Todas las actividades finales me dejaron una gran enseñanza. Debo reconocer que, desde que decidí aceptar mi primer trabajo de profesor de actuación, hace 7 años, he aprendido mucho de la actuación, mediante la interacción con los alumnos.
      Precisamente esto es lo que despertó la idea que me llevó a escribir ésta publicación. Todo ocurrió en la última clase que tuve con un grupo de jóvenes el pasado sábado.
     Como ejercicio los "reté" (en mi opinión la mejor forma de avanzar y ponerse en perspectiva respecto a dónde se encuentra uno como actor) a presentar una pequeña escena en parejas. Para dicha muestra debía seguir unas reglas muy claras: un personaje debía estar en escena haciendo algo, alguna acción de su elección; el segundo personaje entraba a escena a realizar una acción y se topaba con el primero; ambos debían conocerse de antaño, tener una relación estable la cual, por causas de un suceso reciente, había cambiado para siempre (sin importar si para mejor o rumbo a su destrucción); los actores podían usar solamente 4 diálogos, un saludo de cada personaje y sus respectivas despedidas; el público debíamos tener claro quiénes eran, dónde estaban y qué había ocurrido entre ellos. Un interesante ejercicio que les recomiendo probar.
     Los jóvenes entusiastas se pusieron manos a la obra, presentando unos muy buenos ejercicios. Entre ellos hubo uno que llamó especialmente mi atención, no sólo por su calidad, sino por lo que me dio a pensar en los días subsecuentes.
     Les describo la escena: una muchacha esta sentada a una mesa, leyendo un libro. Entra un joven. Se sienta a la mesa, enfrente de su compañera y la saluda. Ella responde el saludo. Después de un breve intercambio de miradas (breve pero muy significativo, lamentablemente tendrían que haber estado presentes para notarlo) empiezan a reír, agachando sus cabezas, ocultándose con sus libros, compartiendo su risa exclusivamente con su compañero de escena. Ella recibe un mensaje. Saca su celular. Lo mira, después sube la miraba para ver a su compañero. Vuelve a mirar su celular y se gira en la silla, dándole un costado a su compañero, para escribir al teléfono. Él pierde la sonrisa. Toma sus cosas, se levanta y se despide. Sale sin voltear a verla. Ella lo sigue con la mirada y se despide.
    Una vez terminado el ejercicio pasamos al momento en que sus compañeros iban a compartir sus observaciones con ellos. Aquí es donde las cosas se pusieron interesantes, amén de la gran escena que habíamos presenciado. Los muchachos dieron sus interpretaciones sobre la escena, argumentaron puntos importantes aunque, casi todos, estaban completamente confundidos con las acciones al teléfono. Yo di mis impresiones de último. Comencé aceptando que, podría ser únicamente proyección, pero que creía entender la intención de los actores. Les describí mis observaciones y, para mi fortuna, estaba en lo correcto en todo lo que dije. Un par de compañeros que, por alguna razón habían sucumbido a las "bajas pasiones" que sus hormonas les indicaban, se encuentran al día siguiente, aún entusiasmados por sus acciones convertidas en su nuevo secreto. Al teléfono estaba el novio de la muchacha quien, para pena de su compañero, se decidió por continuar con su relación en lugar de aventurarse con dar un paso más con su, hasta ese momento, amigo.
      Al momento de terminar mi explicación, una alumna me dijo, a modo de broma,  que siempre me había pasado aquello que ellos actuaban. Dicha afirmación, en adición al hecho de que no comprendía cómo ninguno de los muchachos había fallado en deducir una historia tan simple y bien contada, me llevó a reflexionar al respecto y terminar por escribir éste artículo.
     Una de las razones por las que nadie atinaba era que todos son de la mitad de mi edad (ellos son muy chavos, no es que yo sea muy viejo) y, por tanto, hay ,muchas cosas que todavía les falta por vivir.
En todos los libros de técnica se deja en claro que la interpretación de un actor se ve limitada, entre otras cosas, por su edad y experiencias de vida. Sin embargo, por muy lógico que resulte, en ningún sitio he encontrado referencia a que la edad y referentes de la audiencia sean determinantes para la eficacia de un montaje teatral. Lo repito, es lógico y congruente, pero todos lo damos por sentado.
    Quizá porque, al menos en apariencia, no hay nada que nosotros como creativos podamos hacer al respecto, si el público no puede entender lo que hacemos ni modo, ¿cierto? Es decir, es imposible que nosotros les demos los conocimientos necesarios a través del Bluetooth o que les preguntemos a la entrada al teatro, como requisito de admisión, si ya leyeron el Quijote o están al tanto de los últimos avances en materia de medicina celular. Es imposible que seleccionemos a nuestra audiencia basados en su educación... además de tratarse de una acción discriminatoria.
       Pero entonces, ¿qué podemos hacer al respecto? ¿Sirve de algo conocer ésta limitante?

     Sirve y, de hecho, es esencial conocerla, pero no para que afecte nuestro proceso creativo, sino para desarrollar adecuadamente una estrategia de promoción y distribución de nuestro trabajo. 
Cuando terminamos un montaje estamos inclinados, ya por ansia de mostrar nuestras habilidades, ya por interés económico; a ser vistos por todo mundo. Diseñamos una imagen atractiva pero genérica, sin pensar en las personas a las que pretendemos hablar. Pegamos posters en todos lados que se nos permita, sin asegurarnos que puedan verlos aquellos a quienes en realidad les vaya a interesar nuestro montaje. Publicamos en las redes sociales e invitamos a todos nuestros contactos, sin importarnos su edad, gustos, es decir, sin importarnos por ellos.
     Esta técnica, aunque pueda parecer una buena idea en un principio e incluso logré llenar nuestros auditorios de gente dispuesta a ver nuestro montaje, va a tener su lado oscuro. Vamos a terminar presentando una obra a personas que no conectarán con la misma y, muy posiblemente, no te vayan a dar una segunda oportunidad. Es decir, por no pensar en el público al que vas a dirigir tu trabajo, puedes terminar por perder una gran cantidad de audiencia.
      Obviamente, no vamos a poder evitar que alguien, no apto para nuestro mensaje, llegue a ver el montaje. Y se va a aburrir de lo lindo. Pero sí podemos limitar que éste fenómeno ocurra, si empleamos las adecuadas técnicas de mercadotecnia. Claro, la labor de los profesionales en técnicas de mercadeo es cara, muy útil, pero, muchas veces, fuera de nuestras posibilidades económicas. Aún así, deberíamos pensar una estrategia, por muy básica y elemental que ésta sea, para atraer a la población indicada. A futuro, nuestra empresa teatral se verá beneficiada y el público recibirá un montaje que en realidad le hable a él.

Guillermo Herrera

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