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viernes, 5 de diciembre de 2014

Una imagen dice más que mil palabras.

      La fotografía que verán a continuación me la encontré navegando por la red. desconozco quién es su autor o cuándo fue tomada, ni siquiera puedo asegurar que no haya sido modificada/creada con photoshop o algún programa similar (en verdad deseo que así sea); pero es una clara representación de nuestra triste realidad. Estaba en un compendio de imágenes divertidas... aunque sigo sin encontrarle el humor.


      Lo que apreciamos es un grupo de jóvenes, probablemente en una excursión escolar en un museo, completamente desinteresados por el maravilloso trabajo de Rembrandt, "La ronda nocturna", por estar pendientes de sus teléfonos celulares. Lo repito, más que humor me parece una terrible alerta.
      No, no soy de esos que culpa de todos los males del mundo a la tecnología. Estoy completamente fascinado con los alcances que las telecomunicaciones nos brindan. Cargo todos los días con mi celular y estoy frecuentemente revisando mis redes sociales y navegando en internet. Creo que, como todo lo demás, no es la herramienta la culpable, sino el uso que le damos. Es decir, si alguien choca por estar mandando un mensaje de texto, no debemos satanizar al teléfono, el conductor no estaba prestando atención al camino, cosa que pudo ocurrir por un celular, un letrero en la calle o seguir con la mirada a una muchacha en el camino. La tecnología sólo potencia nuestros intereses.
     Lo que nos trae de regreso a la imagen. Lo alarmante de la misma no es que los muchachos prefieran estar viendo el video del "Gangman Style" en sus celulares (o lo que estuviesen viendo) sino que se muestran indiferentes a la obra maestra a su lado. Eso no es por sus celulares, los teléfonos les brindan el medio de escape pero su atención no se maravilla con el arte, tengan o no Wi-Fi disponible. Eso es resultado de la educación recibida.
      Y no me refiero al trabajo del profesor que piensa que es suficiente con llevarlos a un museo y dejarlos deambular libremente por ahí, sino a los padres que, de forma más que evidente, no los han acercado a las bellas artes, no les han inculcado una sensibilidad estética, permiten que la pantalla táctil del celular sea su único contacto con el mundo.
     Pensar que llevar a un niño al museo es suficiente para acercarlos al arte es tan absurdo como asumir que sólo se precisa ver a una persona para enamorarse de ella. La vista crea el acercamiento, pero debemos conocerla para llegar a sentir algo por ella. Es igual para el mundo del arte, no es cuestión de ver una obra, sino que debemos conocerla para poder enamorarnos.
     La apreciación estética es como correr, todos podemos hacerlo pero es necesario desarrollar la habilidad para no desfallecer en el intento.
      Por eso, querido lector, te propongo que la próxima vez que veas a unos muchachos sufriendo en un museo, ignorados por su profesor, copiando lo que dice la ficha bajo la pintura; te acerques y les compartas algo de tu experiencia estética. Muy probablemente te van a mandar al diablo pero, quizá, logremos sembrar la semilla del arte en alguno de ellos. Eso es siempre un bien universal.

Guillermo Herrera

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martes, 4 de noviembre de 2014

La Muestra Estatal de Teatro y la comunidad auto-complaciente

     El pasado domingo 12 de octubre finalizó la Muestra Estatal de Teatro en Jalisco. Tuvimos la oportunidad de ver, de forma gratuita, poco más de una docena de trabajos de las más variadas técnicas, estilos y temas. Grandes actuaciones, interesantes propuestas, distintos niveles de aprovechamiento del complejo lenguaje escénico... lamentablemente la gente no se enteró.
     La Muestra Estatal es un evento anual en el que se agenda lo mejor del teatro del estado (existen bases para inscribir su obra y se debe pasar una etapa de selección). Cualquiera puede acercase a los foros y entrar de forma gratuita a disfrutar del trabajo. Únicamente se pide a los asistentes llegar con una hora de anticipación, ya que se entregan boletos (reitero, sin costo) para llevar un control de la función.

     Así es que hubo personas que, pese a llegar 2 horas antes de la hora marcada, se quedaron con las ganas de entrar a la función que deseaban, ya que se acabaron los boletos desde muy temprano. Ésa es la generalidad de la Muestra Estatal: teatros a reventar, personas que se lamentan en la banqueta por no alcanzar lugar, actuaciones aplaudidas por una, lamentablemente atípica, sala llena, filas de ingreso que le dan la vuelta a la cuadra; un éxito a los ojos de cualquier persona. Tristemente es todo una ilusión.
     Como dije al principio del escrito, la gente no se entera, las agendas casi no tienen difusión, los posters se pegan en contados establecimientos, el cronograma es complejo y no existe la apropiada explicación de las distintas sedes y diferentes horarios, un caos. Un triste caos.
    Entonces, ¿cómo se explican las numerosas asistencias? ¿Por qué digo que es una ilusión? La razón por la que difiero con Secretaría de Cultura y no veo como un rotundo éxito al festival es que esta lleno de estudiantes y profesionales de la actuación. Parece ser que los organizadores están complacidos con que aquellos que estudiamos o nos dedicamos a las artes escénicas seamos los únicos que sepamos de la existencia de la Muestra.
    No tiene nada de malo que el gremio este al pendiente de los suyos. Es importante que conozcamos los trabajos que realizan nuestros colegas, así como ser visto por los demás artistas escénicos, eso formará vínculos entre nosotros y nos brindará la oportunidad de aspirar a trabajar con más gente del medio. Pero, ¿ése es el objetivo de la Muestra Estatal?
     Por mi parte, encuentro muy triste que, terminando la Muestra, los teatros tapatíos luzcan con su habitual aforo de 15 espectadores. Creo que ése es el principal error y peor faceta del auto-engaño.
    ¿De qué sirve que los trabajos sean vistos por un centenar de colegas que corren a las salas sin pagar? Al fin y al cabo, ellos no son los que van a mantener a los demás grupos, ellos no van a convertirse en públicos frecuentes. Todos los grupos trabajamos más o menos en los mismos horarios, así que, aunque lo deseemos, nuestras funciones o ensayos nos impedirán asistir al teatro con la frecuencia que quisiéramos. Ninguna comunidad artística se sostiene mediante el consumo de sus propios creadores.
     La Muestra debería fomentar al público general, ése que no acostumbra a ir al teatro, a acercarse a las salas, ver lo que los artistas locales están haciendo (la pre-selección funcionaría para que el público novel no se lleve una decepción al encontrarse un trabajo de dudosa calidad) y confíe en regresar. Pero para que éso suceda, primero deben enterarse que se esta llevando a cabo.
    Ojalá las autoridades correspondientes se pongan las pilas, aprovechen los recursos destinados a ésta celebración para ayudarnos a eliminar uno de los muchos estigmas del teatro local, nos esforzamos por crear obras de calidad... pero el público potencial no lo sabe.

Guillermo Herrera

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viernes, 10 de octubre de 2014

La pregunta que me ayudó a reflexionar

     Éstas últimas semanas he estado desconectado del blog porque tuve la oportunidad de participar en un taller con el objetivo de acrecentar mis conocimientos sobre el quehacer escénico. Precisamente al respecto van a ser mis próximas colaboraciones.
     Lo primero que les quiero compartir es lo que me ocurrió el primer día del taller. Como parte de una dinámica grupal, debimos presentarnos frente a los compañeros y contestar las preguntas que les nacieran a los demás, a fin de conocernos y romper las barreras que pudieran existir entre nosotros debido a la vergüenza social.
     Debo aclarar que no era un taller exclusivo para la comunidad teatral, se trataba de un taller de comedia y estaba abierto a todo aquel que tuviese interés en experimentar el roce con el público. Dio la casualidad que yo era el único profesional del teatro que me encontraba estudiando, lo cual habla también del menosprecio que tienen algunos colegas a la comedia y sus subgéneros (pero eso será tema de otra publicación). Aún así, nada me preparó para la pregunta que se me formuló.
     Resulta que uno de mis compañeros tomó la palabra y me preguntó, "¿qué te hace sentir que las ex-participantes de reality shows y demás pseudo-estrellitas con preparación nula (dijo nombres específicos pero no es mi cometido quemar a nadie) se hicieran al teatro y todos tuvieran sus "obras" en escena?
     Debo reconocer que me quedé sin palabras, ¿qué le contestas a alguien que te hace ésa pregunta? ¿Cuál es su intención al hacerla? ¿Quiere verme rabiar frente a todos? o ¿prefiere que siga mis instintos y llore?
     La cuestión no me es del todo ajena, es un tema tristemente recurrente dentro de la comunidad teatral. Sin embargo, ahí la respuesta está implícita, todos los odiamos, criticamos y avergonzamos de que presenten como obra de teatro lo que es nada más un programa de televisión con audiencia en vivo. No es lo mismo, aunque a muchos les pudiere parecer. Ambas actividades, pese a tener una finalidad común, contar una historia, tienen lenguajes

distintos y no se pueden desarrollar de la misma manera.
      Pero en ésta ocasión no estaba frente a mis colegas o alumnos. Ellos no buscaban una clase sobre mis pensamientos acerca de cómo debe hacerse y respetarse la actividad teatral. No quería ser visto, desde el primer momento del taller, como un pedante y antisocial actorcillo con aspiraciones artísticas supremas. Sin importar si lo sea o no.
     Por fortuna llegaron a mi mente las imágenes de Heath Ledger, Johnny Depp, Tom Waits y el mismísimo Sir Mick Jagger para rescatarme de mi predicamento. Todos ellos, en mayor o menor cantidad, se han metido a la actuación y, sin convertirse en los actores que el mundo esperaba, lo han hecho bastante bien, se conectan a la ficción, la viven y la transmiten con una convicción absoluta. Y el punto en común entre ellos es que ninguno estudió actuación.
       Por lo tanto, lanzo la pregunta al aire, ¿son necesarias las escuelas?
     Quizá sea incoherente que yo me refiera a éste tema, tomando en cuenta que me dedico a dar clases de actuación desde hace varios años. Sin embargo, escribo éste blog a partir del profesional de la escena que soy, no de mi parte docente. Por tanto puedo decirlo abiertamente, no son estrictamente necesarias.
      Partamos desde el hecho de que la nuestra es un oficio, uno hermoso, pero oficio al fin y al cabo.       Al denominarlo oficio no quiero menospreciarlo o catalogarlo como algo menor, al contrario, requiere de mucho trabajo para poder ser dominado y nunca dejas de aprenderlo. Sin embargo, al tratarse de un oficio, estamos hablando de alguna actividad que se puede aprender haciendo, practicando habitualmente, ejerciendo.
    Además, tomemos en cuenta que las escuelas que reverenciamos tienen apenas alrededor de una centuria de existencia. Comparado con el par de milenios desde los primero vestigios de teatro escrito, en Grecia, palidecen por su insignificancia.
     Lo anterior no quiere decir que antes se hacía teatro a ciegas. Había técnicas y escuelas (a falta de una mejor palabra) pero se han perdido en los anales del tiempo. Por ejemplo tomemos a la Comedia del arte, sabemos que existió, algunos de sus fundamentos, pero su técnica y forma precisa la desconocemos.
     Las escuelas evolucionan y se superponen unas a otras. ¿Esto quiere decir que las últimas tienen la verdad absoluta y las anteriores eran falacia? Lo dudo, después de todo, fue gracias a ellas que el teatro, ése arte que tanto amamos, ha sobrevivido hasta nuestros días.
     La razón por la que las "escuelas" anteriores se han perdido es porque se enseñaban como oficio, es decir, se pasaba de "maestro a alumno" a través de la práctica. No existían textos escritos, no había edificios especializados en su enseñanza, pero eso no quiere decir que fuera malo.
    Entonces, ¿se puede aprender a actuar sin ir a una escuela, solamente practicándolo? Si, si se puede. Se precisa, para lograrlo, de mucha constancia, un ojo auto-crítico muy agudo y el apoyo de alguien externo que te dé los "nortes" que necesitas para avanzar por el complejo camino de la actuación. Y va a tomar mucho tiempo.
    Por lo tanto, ¿cuál es la función de las escuelas? Pues, su importancia estriba en que acortan los pasos, el proceso se vuelve más veloz y eficaz, el camino es más claro. 

¿Qué opinan respecto a las escuelas de teatro? ¿Estudiaron en una? Compártannos en cuál y cuál fue su experiencia.

Guillermo Herrera

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lunes, 4 de agosto de 2014

Fin de semestre. Nuevos proyectos.

      Cierre de semestre, entrega de trabajos finales, exámenes prácticos. Así fue mi semana anterior. Ésa es la razón por la que no pude darme el tiempo de escribir una publicación.
     Todas las actividades finales me dejaron una gran enseñanza. Debo reconocer que, desde que decidí aceptar mi primer trabajo de profesor de actuación, hace 7 años, he aprendido mucho de la actuación, mediante la interacción con los alumnos.
      Precisamente esto es lo que despertó la idea que me llevó a escribir ésta publicación. Todo ocurrió en la última clase que tuve con un grupo de jóvenes el pasado sábado.
     Como ejercicio los "reté" (en mi opinión la mejor forma de avanzar y ponerse en perspectiva respecto a dónde se encuentra uno como actor) a presentar una pequeña escena en parejas. Para dicha muestra debía seguir unas reglas muy claras: un personaje debía estar en escena haciendo algo, alguna acción de su elección; el segundo personaje entraba a escena a realizar una acción y se topaba con el primero; ambos debían conocerse de antaño, tener una relación estable la cual, por causas de un suceso reciente, había cambiado para siempre (sin importar si para mejor o rumbo a su destrucción); los actores podían usar solamente 4 diálogos, un saludo de cada personaje y sus respectivas despedidas; el público debíamos tener claro quiénes eran, dónde estaban y qué había ocurrido entre ellos. Un interesante ejercicio que les recomiendo probar.
     Los jóvenes entusiastas se pusieron manos a la obra, presentando unos muy buenos ejercicios. Entre ellos hubo uno que llamó especialmente mi atención, no sólo por su calidad, sino por lo que me dio a pensar en los días subsecuentes.
     Les describo la escena: una muchacha esta sentada a una mesa, leyendo un libro. Entra un joven. Se sienta a la mesa, enfrente de su compañera y la saluda. Ella responde el saludo. Después de un breve intercambio de miradas (breve pero muy significativo, lamentablemente tendrían que haber estado presentes para notarlo) empiezan a reír, agachando sus cabezas, ocultándose con sus libros, compartiendo su risa exclusivamente con su compañero de escena. Ella recibe un mensaje. Saca su celular. Lo mira, después sube la miraba para ver a su compañero. Vuelve a mirar su celular y se gira en la silla, dándole un costado a su compañero, para escribir al teléfono. Él pierde la sonrisa. Toma sus cosas, se levanta y se despide. Sale sin voltear a verla. Ella lo sigue con la mirada y se despide.
    Una vez terminado el ejercicio pasamos al momento en que sus compañeros iban a compartir sus observaciones con ellos. Aquí es donde las cosas se pusieron interesantes, amén de la gran escena que habíamos presenciado. Los muchachos dieron sus interpretaciones sobre la escena, argumentaron puntos importantes aunque, casi todos, estaban completamente confundidos con las acciones al teléfono. Yo di mis impresiones de último. Comencé aceptando que, podría ser únicamente proyección, pero que creía entender la intención de los actores. Les describí mis observaciones y, para mi fortuna, estaba en lo correcto en todo lo que dije. Un par de compañeros que, por alguna razón habían sucumbido a las "bajas pasiones" que sus hormonas les indicaban, se encuentran al día siguiente, aún entusiasmados por sus acciones convertidas en su nuevo secreto. Al teléfono estaba el novio de la muchacha quien, para pena de su compañero, se decidió por continuar con su relación en lugar de aventurarse con dar un paso más con su, hasta ese momento, amigo.
      Al momento de terminar mi explicación, una alumna me dijo, a modo de broma,  que siempre me había pasado aquello que ellos actuaban. Dicha afirmación, en adición al hecho de que no comprendía cómo ninguno de los muchachos había fallado en deducir una historia tan simple y bien contada, me llevó a reflexionar al respecto y terminar por escribir éste artículo.
     Una de las razones por las que nadie atinaba era que todos son de la mitad de mi edad (ellos son muy chavos, no es que yo sea muy viejo) y, por tanto, hay ,muchas cosas que todavía les falta por vivir.
En todos los libros de técnica se deja en claro que la interpretación de un actor se ve limitada, entre otras cosas, por su edad y experiencias de vida. Sin embargo, por muy lógico que resulte, en ningún sitio he encontrado referencia a que la edad y referentes de la audiencia sean determinantes para la eficacia de un montaje teatral. Lo repito, es lógico y congruente, pero todos lo damos por sentado.
    Quizá porque, al menos en apariencia, no hay nada que nosotros como creativos podamos hacer al respecto, si el público no puede entender lo que hacemos ni modo, ¿cierto? Es decir, es imposible que nosotros les demos los conocimientos necesarios a través del Bluetooth o que les preguntemos a la entrada al teatro, como requisito de admisión, si ya leyeron el Quijote o están al tanto de los últimos avances en materia de medicina celular. Es imposible que seleccionemos a nuestra audiencia basados en su educación... además de tratarse de una acción discriminatoria.
       Pero entonces, ¿qué podemos hacer al respecto? ¿Sirve de algo conocer ésta limitante?

     Sirve y, de hecho, es esencial conocerla, pero no para que afecte nuestro proceso creativo, sino para desarrollar adecuadamente una estrategia de promoción y distribución de nuestro trabajo. 
Cuando terminamos un montaje estamos inclinados, ya por ansia de mostrar nuestras habilidades, ya por interés económico; a ser vistos por todo mundo. Diseñamos una imagen atractiva pero genérica, sin pensar en las personas a las que pretendemos hablar. Pegamos posters en todos lados que se nos permita, sin asegurarnos que puedan verlos aquellos a quienes en realidad les vaya a interesar nuestro montaje. Publicamos en las redes sociales e invitamos a todos nuestros contactos, sin importarnos su edad, gustos, es decir, sin importarnos por ellos.
     Esta técnica, aunque pueda parecer una buena idea en un principio e incluso logré llenar nuestros auditorios de gente dispuesta a ver nuestro montaje, va a tener su lado oscuro. Vamos a terminar presentando una obra a personas que no conectarán con la misma y, muy posiblemente, no te vayan a dar una segunda oportunidad. Es decir, por no pensar en el público al que vas a dirigir tu trabajo, puedes terminar por perder una gran cantidad de audiencia.
      Obviamente, no vamos a poder evitar que alguien, no apto para nuestro mensaje, llegue a ver el montaje. Y se va a aburrir de lo lindo. Pero sí podemos limitar que éste fenómeno ocurra, si empleamos las adecuadas técnicas de mercadotecnia. Claro, la labor de los profesionales en técnicas de mercadeo es cara, muy útil, pero, muchas veces, fuera de nuestras posibilidades económicas. Aún así, deberíamos pensar una estrategia, por muy básica y elemental que ésta sea, para atraer a la población indicada. A futuro, nuestra empresa teatral se verá beneficiada y el público recibirá un montaje que en realidad le hable a él.

Guillermo Herrera

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martes, 8 de julio de 2014

El FITEC o lo que aprendí viendo trabajar a los teatreros del futuro.

     La semana pasada tuve la oportunidad de participar como jurado en un festival de teatro celebrado en una escuela local. 22 obras de teatro en 4 días. (Ésa es la razón por la cual no hubo publicación esos días). Una muy interesante experiencia en la cual tuve oportunidad de aprender bastante, no sólo de las obras presentadas, sino también de mis compañeros de jurado.
     Quedé realmente impresionado por la calidad de los trabajos, sobre todo tomando en cuenta que fueron realizados completamente por los alumnos, sin apoyo de ningún maestro, y fuera del horario de clases (no van a recibir ningún crédito escolar por la actividad) es decir, literalmente lo están haciendo por amor al arte y para aprender haciendo.
     Entre muchas sorpresas, surgió una diferencia en la opinión del jurado, algunos veíamos una de las obras fuera de tono, otros la veían correcta. Eso no hizo nuestro trabajo, de ninguna manera, más complicado, ni generó roces entre nosotros, al contrario todos aceptábamos la opinión de los demás. Por supuesto que es de destacar la complejidad de la actividad teatral cuando varias personas, encargadas de observar lo mismo, con el mismo criterio de evaluación, podemos terminar con opiniones encontradas al respecto. Si así es en un reducido jurado de 4 integrantes, ¿qué tan difícil es agradar a una sala con decenas o centenas de personas en la audiencia?
     Quedé gratamente sorprendido con los trabajos de los estudiantes, alumnos que dieron todo de su parte para lograr un producto de calidad. No podemos decir que todos los montajes fueron buenos pero, aún en aquellos más débiles, se notaba el compromiso que tenían, se hacía evidente que tomaron el trabajo con responsabilidad y respeto hacia ambos, el arte escénico que están aprendiendo y el público que presenciamos sus puestas. 

     Dentro del festival se hicieron evidentes 2 cuestiones que influyeron en la calidad final de los trabajos:

1) Ver teatro regularmente, se nota.

     Así es, a leguas se notaba quienes han visto mucho teatro y quienes sólo se pretenden formar viendo algunas cosas en televisión.
     El teatro es un arte creativo, como tal tiene un lenguaje, una forma de codificar los mensajes que estamos intentando transmitir al público (sé que suena como una receta de cocina pero dista mucho de ello) y, aunque es cierto que el estudio puramente teórico ayuda a aprender la construcción de dicho lenguaje, no hay nada mejor que verlo en acción, en vivo, para poder asimilarlo y después ponerlo en práctica. El teatro se aprende, no sólo haciéndolo, sino también con las pompas, sentándose y viendo cómo otros lo hacen. 
Por supuesto, ésto no quiere decir que si vas a ver una obra de teatro vas a aprender todo lo que necesitas para realizar un montaje propio. El teatro es un arte complejo y, por ello, necesitas ver muchos ejemplos, gran variedad, para empatar lo que ves con lo que estas aprendiendo en los libros de teoría,porque no debemos dejar de lado el esfuerzo que han hecho los estudiosos del pasado por aterrizar éste complejo universo de la actuación en asimilables palabras y ejercicios.
     ¿Cuánto teatro hay que ver para aprender? Todo el que puedas. Ve teatro de todo tipo, de todos los géneros y estilos. Ve grandes obras de teatro y también trabajos fallidos (no vamos a poder evitarlos) porque sólo nutriendo tu ojo crítico de cosas buenas y malas, vas a poder poner tu trabajo en perspectiva objetiva.
     Antes de ser creativo es imprescindible que te conviertas en público.
    ¿Por qué hago tanto hincapié en el teatro y dejo de lado el cine y la televisión? Si bien tienen un fin común, contar una historia, los medios son completamente distintos. Y, discúlpenme aquellos que optaron por prepararse para estar únicamente ante una cámara, el teatro es la base de todos, es el único medio donde el actor es artífice de todo el universo. En el cine, la televisión, la radio, etc. nuestro trabajo es manipulado, antes y después de nuestro esfuerzo, por directores y editores quienes llevan la batuta de lo que el público va a presenciar. Todos los medios son loables y encantadores pero, si lo que deseas es aprender el arte del histrionismo, el teatro es la cuna de tu preparación.

2) Hay que saber poner en perspectiva nuestras capacidades.

     Este punto es complicado, tanto de explicar como de lograr. La razón por la que lo enlisto es porque vimos, en varios trabajos, que éste mal se hizo presente. Eligieron textos hermosos, interesantes y con historias dignas de ser vistas, se notaba que se esforzaron en encontrar el libreto de sus sueños pero, por desgracia, no se percataron que no estaban listos para él. Es triste ver un montaje en el cual el texto les queda grande a los actores.
     Lo anterior puede ocurrir por dos razones principalmente:
          A) No se dieron cuenta de la complejidad de la historia. Cuando leemos un texto dramático nos atrae de él la historia o los diálogos o alguno de los personajes etc. Sin embargo, nuestra primer lectura es superficial y "primitiva", sólo nos llaman la atención aquellos elementos atávicos.
     El error que podemos cometer en este punto es quedarse con aquella primera lectura. Debemos aprender a extraer del texto más cada vez que lo releamos, y esta de sobra decir que no podemos leer únicamente 2 o 3 veces el libreto que estamos trabajando;sólo así podremos dar el salto de ser un simple "relator de diálogos" a ser un personaje vivo que evoque imágenes, relaciones y sentimientos. Sólo así podremos aprovechar al máximo la complejidad del lenguaje teatral.
         B) Los personajes no se adecuan a los actores. Se tiende a pensar que somos actores y, por tanto, podemos convertirnos en cualquier persona. Por desgracia no es así. Estamos limitados por varios elementos, entre ellos nuestra edad, nuestras experiencias y cultura, nuestra técnica. 
     Es decir, si nuestro texto requiere personajes de 70 años y sólo cuento con actores que apenas llegan a sus 20, debería abortar la misión, esperar otro momento para montarlo. Las características físicas que poseemos distan mucho de las que el personaje requiere, simplemente por la enorme diferencia de edad. Y, es cierto, el cuerpo se puede trabajar (de ahí que nuestro desarrollo técnico influya en el resultado), se puede modificar y, con maquillaje, podemos adecuar nuestra apariencia. Sin embargo, lo que ha vivido una persona de 70 años es muy distinto de las experiencias que tiene un joven de 20. ¿Cómo obtener 50 años de vivencias en unas cuantas semanas? ¿Es posible? En unas cuantas semanas, no lo creo. Me parece posible modificarte física y mentalmente (repito, con el desarrollo técnico adecuado) sin embargo, requiere largos ensayos diarios durante un considerable lapso para ser conseguido. No es una tarea fácil.
     El problema estriba cuando no medimos la cantidad de trabajo que requerimos para que, aplicando los conocimientos que poseemos, podamos lograr el resultado esperado. Y no deberíamos permitirnos mostrar ningún trabajo que no haya alcanzado nuestras expectativas. "Dar de alta" un montaje para el cual tuvimos que empequeñecer nuestros objetivos, es una traición a nuestro esfuerzo, un insulto al público y una pérdida de tiempo.
     Por muy difícil que sea, debemos aprender a ser objetivos y ubicar el alcance de nuestras capacidades. Es la única forma de poder, poco a poco, acrecentarlas. 

   En conclusión, aprendí bastante formando parte del jurado del FITEC. Tanto, que, para poderlo compartir todo, voy a tener que publicar varios escritos. Me encantó ver a tantos jóvenes con tantas ganas de hacer buen teatro. Definitivamente, en un futuro próximo la competencia va a estar muy fuerte.

Guillermo Herrera

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