viernes, 18 de julio de 2014

¿Actor = Galán?

      Cuando le mencionamos la palabra actor al ciudadano promedio, invariablemente llegan a su memoria imágenes de "estrellas" glamorosas y bien parecidas. Esta cualidad del actor se ha perpetuado en la consciencia popular debido, sobre todo, a la influencia del cine, especialmente en el cine a partir de los años 80's a la fecha. Pero, ¿es necesario ser guapo para ser actor?
      Quiero aclarar que pretendo referirme a aquellas personalidades que se han entrenado y preparado para realizar una buena labor actoral. No deseo tomar en cuenta a aquellas figuras del modelaje, deportistas y ex-participantes de reallity shows que han probado ser populares y, por lo tanto, se les ofrece un protagónico  en la serie, novela o película de moda. Eso será material para otra publicación.
      Atendiendo a aquellos que podemos considerar actores volvamos a nuestra pregunta inicial, ¿es necesario ser guapo?
      Si pensamos en gente como Brad Pitt, Leonardo DiCaprio o Kate Winslet, podemos determinar que son poseedores de unas maravillosas habilidades histriónicas, pero también de un atractivo físico sin igual. Es decir, son muy buenos en lo que hacer y tienen, además,  la capacidad de usar una sonrisa para tener al mundo a sus pies.

      Considerando únicamente gente como ellos podríamos afirmar que sí, es parte del paquete tener unas facciones perfectas para poder incursionar en el mundo de la actuación.
      Sin embargo, llevemos nuestra memoria un poco más allá. Recordemos a gente como Al Pacino, Robert DeNiro o Dustin Hoffman.  Si bien son considerados de los mejores actores de su generación y han logrado instaurar sus nombres entre las grandes figuras del cine de todos los tiempos,  no son particularmente guapos. Podemos decir de ellos muchos calificativos, inteligentes, interesantes, cultos; pero guapo... no creo que ni sus respectivas esposas los describirían con esa palabra.
       Pero ¿si ser guapo no es un requisito (lo cual nos quita un peso de encima al 99% de la población que no tenemos pómulos y piel perfecta) qué sí lo es?
      Para responder dicha pregunta debemos conocer, por principio, en qué consiste el trabajo de un actor.
      Un actor es aquella persona preparada para pararse en un escenario (o cualquier lugar que haga ésta función) y, a través de vivir una ficción (reaccionar de forma real a estímulos imaginarios), contar una historia a un espectador.
      Lo anterior implica que necesitamos desarrollar una serie de habilidades, destinadas a brindar nuestro mensaje al público de manera limpia y clara. Técnicas vocales para ser escuchado, técnicas corporales para expresar mis sentimientos, técnicas intelectuales para comprender y recordar el texto, técnicas sensitivas para generar sentimientos y un largo etcétera (notemos que no existe una habilidad para despertar la libido de la audiencia). Pero hay otra cuestión que necesitamos, algo que no he podido averiguar si es posible desarrollar o no, una "presencia" que llame la atención del espectador.
      Ésto podría pensarse innecesario, al fin y al cabo estamos parados en un entarimado, en un área iluminada dentro de una "caja negra", estamos hablando cuando los demás están en silencio y eso, debería ser suficiente para ser visto. ¿O no?
      De la misma manera creo que todos hemos presenciado algún espectáculo en el cual conviven varios histriones en escena, aún así, hay alguno que nos llama especialmente la atención. Y no siempre es aquel con mayor número de diálogos o con la carga escénica más importante. A esa atracción es a la que denomino "presencia", a falta de un mejor calificativo.
      Y aquí nace mi duda. Según los textos teóricos, si le dedicas el trabajo suficiente a la creación de tu personaje, conoces y adoptas su forma de pensar, te conectas a la ficción y experimentes los sentimientos del personaje y desarrollas una comunicación activa con el resto de los actores/personajes en escena; vas a generar un personaje vivo, fuerte y digno de ser visto por el público. No puedo estar en desacuerdo con ello, sin embargo, ¿aquellos que aplican todo lo anterior y aún así no resultan atractivos?
     
      Hagamos un ejercicio de imaginación. Abandonemos, momentáneamente, el escenario y situémonos en un entorno de fiesta, en un bar o la casa de un amigo. Imaginemos que es una fiesta bastante exitosa y hay un número considerable de gente. Ayuda que juguemos con la posibilidad de ser solteros. Echemos un vistazo a la multitud. La gente bailando, tomando, conversando, riendo. Estamos situados a cierta distancia, lo cual nos permite ver toda la "pachanga". De repente, surge, como por arte de magia, la presencia de ESA PERSONA. Posiblemente ya se encontraba ahí pero, sin saber por qué, en esos momentos llamó nuestra atención. Quizá fue una sonrisa, quizá su forma de vestir, quizá escuchamos su voz; no importa qué sea, no importa siquiera si algún día lo sepamos, lo importante es que caímos presa de la atracción sin igual (al menos en ése momento y lugar) de esa persona. Y eso no tiene que ver, necesariamente, con la belleza física. Aunque, seamos honestos, a partir de ése momento ESA PERSONA se convertirá en la más bella del lugar.
      ¿Qué determina que exista tal atracción? ¿Por qué hay personas que se destacan de la multitud y otras que se mimetizan con la misma? ¿Por qué hay gente que ves, sin importar qué o quién esté a su alrededor y otras que no soportas aunque estén a un metro de ti? No lo sé. Lo único que puedo asegurar es que se trata de un fenómeno completamente subjetivo, aquel que encuentras intolerable será aceptado y visto con muy buenos ojos por alguien más (aunque sea únicamente por su mamá).
      Éste atractivo, ésta "presencia", que encuentro tan complicada de definir e imposible de medir, es requisito indispensable para un actor. Debe, indudablemente, ser imán de las miradas del respetable. A partir de ahí desarrollaremos las habilidades para ser merecedor de tal atención.
      En conclusión, no creo que sea necesario ser galán para ser actor... aunque, seamos sinceros, tampoco estorba.

Guillermo Herrera

¿Qué opinan? ¿Es posible desarrollar tal atractivo, tal "presencia"? De ser así, compártanos cómo. Ayúdenos a crecer. 
Como siempre, dejamos a sus órdenes nuestras redes sociales:


Muchas gracias.

martes, 8 de julio de 2014

El FITEC o lo que aprendí viendo trabajar a los teatreros del futuro.

     La semana pasada tuve la oportunidad de participar como jurado en un festival de teatro celebrado en una escuela local. 22 obras de teatro en 4 días. (Ésa es la razón por la cual no hubo publicación esos días). Una muy interesante experiencia en la cual tuve oportunidad de aprender bastante, no sólo de las obras presentadas, sino también de mis compañeros de jurado.
     Quedé realmente impresionado por la calidad de los trabajos, sobre todo tomando en cuenta que fueron realizados completamente por los alumnos, sin apoyo de ningún maestro, y fuera del horario de clases (no van a recibir ningún crédito escolar por la actividad) es decir, literalmente lo están haciendo por amor al arte y para aprender haciendo.
     Entre muchas sorpresas, surgió una diferencia en la opinión del jurado, algunos veíamos una de las obras fuera de tono, otros la veían correcta. Eso no hizo nuestro trabajo, de ninguna manera, más complicado, ni generó roces entre nosotros, al contrario todos aceptábamos la opinión de los demás. Por supuesto que es de destacar la complejidad de la actividad teatral cuando varias personas, encargadas de observar lo mismo, con el mismo criterio de evaluación, podemos terminar con opiniones encontradas al respecto. Si así es en un reducido jurado de 4 integrantes, ¿qué tan difícil es agradar a una sala con decenas o centenas de personas en la audiencia?
     Quedé gratamente sorprendido con los trabajos de los estudiantes, alumnos que dieron todo de su parte para lograr un producto de calidad. No podemos decir que todos los montajes fueron buenos pero, aún en aquellos más débiles, se notaba el compromiso que tenían, se hacía evidente que tomaron el trabajo con responsabilidad y respeto hacia ambos, el arte escénico que están aprendiendo y el público que presenciamos sus puestas. 

     Dentro del festival se hicieron evidentes 2 cuestiones que influyeron en la calidad final de los trabajos:

1) Ver teatro regularmente, se nota.

     Así es, a leguas se notaba quienes han visto mucho teatro y quienes sólo se pretenden formar viendo algunas cosas en televisión.
     El teatro es un arte creativo, como tal tiene un lenguaje, una forma de codificar los mensajes que estamos intentando transmitir al público (sé que suena como una receta de cocina pero dista mucho de ello) y, aunque es cierto que el estudio puramente teórico ayuda a aprender la construcción de dicho lenguaje, no hay nada mejor que verlo en acción, en vivo, para poder asimilarlo y después ponerlo en práctica. El teatro se aprende, no sólo haciéndolo, sino también con las pompas, sentándose y viendo cómo otros lo hacen. 
Por supuesto, ésto no quiere decir que si vas a ver una obra de teatro vas a aprender todo lo que necesitas para realizar un montaje propio. El teatro es un arte complejo y, por ello, necesitas ver muchos ejemplos, gran variedad, para empatar lo que ves con lo que estas aprendiendo en los libros de teoría,porque no debemos dejar de lado el esfuerzo que han hecho los estudiosos del pasado por aterrizar éste complejo universo de la actuación en asimilables palabras y ejercicios.
     ¿Cuánto teatro hay que ver para aprender? Todo el que puedas. Ve teatro de todo tipo, de todos los géneros y estilos. Ve grandes obras de teatro y también trabajos fallidos (no vamos a poder evitarlos) porque sólo nutriendo tu ojo crítico de cosas buenas y malas, vas a poder poner tu trabajo en perspectiva objetiva.
     Antes de ser creativo es imprescindible que te conviertas en público.
    ¿Por qué hago tanto hincapié en el teatro y dejo de lado el cine y la televisión? Si bien tienen un fin común, contar una historia, los medios son completamente distintos. Y, discúlpenme aquellos que optaron por prepararse para estar únicamente ante una cámara, el teatro es la base de todos, es el único medio donde el actor es artífice de todo el universo. En el cine, la televisión, la radio, etc. nuestro trabajo es manipulado, antes y después de nuestro esfuerzo, por directores y editores quienes llevan la batuta de lo que el público va a presenciar. Todos los medios son loables y encantadores pero, si lo que deseas es aprender el arte del histrionismo, el teatro es la cuna de tu preparación.

2) Hay que saber poner en perspectiva nuestras capacidades.

     Este punto es complicado, tanto de explicar como de lograr. La razón por la que lo enlisto es porque vimos, en varios trabajos, que éste mal se hizo presente. Eligieron textos hermosos, interesantes y con historias dignas de ser vistas, se notaba que se esforzaron en encontrar el libreto de sus sueños pero, por desgracia, no se percataron que no estaban listos para él. Es triste ver un montaje en el cual el texto les queda grande a los actores.
     Lo anterior puede ocurrir por dos razones principalmente:
          A) No se dieron cuenta de la complejidad de la historia. Cuando leemos un texto dramático nos atrae de él la historia o los diálogos o alguno de los personajes etc. Sin embargo, nuestra primer lectura es superficial y "primitiva", sólo nos llaman la atención aquellos elementos atávicos.
     El error que podemos cometer en este punto es quedarse con aquella primera lectura. Debemos aprender a extraer del texto más cada vez que lo releamos, y esta de sobra decir que no podemos leer únicamente 2 o 3 veces el libreto que estamos trabajando;sólo así podremos dar el salto de ser un simple "relator de diálogos" a ser un personaje vivo que evoque imágenes, relaciones y sentimientos. Sólo así podremos aprovechar al máximo la complejidad del lenguaje teatral.
         B) Los personajes no se adecuan a los actores. Se tiende a pensar que somos actores y, por tanto, podemos convertirnos en cualquier persona. Por desgracia no es así. Estamos limitados por varios elementos, entre ellos nuestra edad, nuestras experiencias y cultura, nuestra técnica. 
     Es decir, si nuestro texto requiere personajes de 70 años y sólo cuento con actores que apenas llegan a sus 20, debería abortar la misión, esperar otro momento para montarlo. Las características físicas que poseemos distan mucho de las que el personaje requiere, simplemente por la enorme diferencia de edad. Y, es cierto, el cuerpo se puede trabajar (de ahí que nuestro desarrollo técnico influya en el resultado), se puede modificar y, con maquillaje, podemos adecuar nuestra apariencia. Sin embargo, lo que ha vivido una persona de 70 años es muy distinto de las experiencias que tiene un joven de 20. ¿Cómo obtener 50 años de vivencias en unas cuantas semanas? ¿Es posible? En unas cuantas semanas, no lo creo. Me parece posible modificarte física y mentalmente (repito, con el desarrollo técnico adecuado) sin embargo, requiere largos ensayos diarios durante un considerable lapso para ser conseguido. No es una tarea fácil.
     El problema estriba cuando no medimos la cantidad de trabajo que requerimos para que, aplicando los conocimientos que poseemos, podamos lograr el resultado esperado. Y no deberíamos permitirnos mostrar ningún trabajo que no haya alcanzado nuestras expectativas. "Dar de alta" un montaje para el cual tuvimos que empequeñecer nuestros objetivos, es una traición a nuestro esfuerzo, un insulto al público y una pérdida de tiempo.
     Por muy difícil que sea, debemos aprender a ser objetivos y ubicar el alcance de nuestras capacidades. Es la única forma de poder, poco a poco, acrecentarlas. 

   En conclusión, aprendí bastante formando parte del jurado del FITEC. Tanto, que, para poderlo compartir todo, voy a tener que publicar varios escritos. Me encantó ver a tantos jóvenes con tantas ganas de hacer buen teatro. Definitivamente, en un futuro próximo la competencia va a estar muy fuerte.

Guillermo Herrera

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lunes, 23 de junio de 2014

Los críticos 2° parte: el crítico y el público

Ya les compartimos nuestras opiniones acerca de la función que realizan los críticos en nuestra comunidad en la primera parte de éste serial (Los críticos: 1° parte). Ahora es importante preguntarnos,  ¿cómo debe hacerse dicho trabajo?
        Empecemos por el principio de que todos podemos y hemos hecho, más de una vez, las labores de un crítico. ¿Quién no le ha dicho a un conocido, ve a ver la película X, esta muy buena; o tal actor/actriz hace un trabajo fenomenal, se la crees de principio a fin? Eso es lo que hace un crítico, ¿o no?

      Si bien, el gusto es una reacción subjetiva a un trabajo visto y eso hace que decir "me gusta o "esta malo" sean respuestas perfectamente válidas para el público general; el crítico debe sustentar dicho "gusto" con cuestiones cognitivas y técnicas. Es decir, tienen la complicada tarea de hacer objetiva una cuestión naturalmente subjetiva. Una tarea nada fácil.

       Ésto último sitúa al crítico entre una "élite" cultural (suena muy rimbombante pero en realidad no es nada del otro mundo, cualquiera puede alcanzarla si así lo desea) que conoce bastante del arte del cual pretende opinar. En el caso del teatro, no sólo debe conocer de literatura, sino de estética, historia, técnica, semiótica entre otras cosas. Dichos conocimientos se obtienen, no sólo de los libros, sino de ser un asiduo público que ha visto, a lo largo de su vida, muchas producciones de teatro, cine y televisión (de ahí que aseguro que cualquiera puede, si así lo desea, formar parte de dicha "élite" cultural). Ésto irá moldeando su gusto y comprensión de lo que vea en escena.
       Hay dos enormes dificultades resultado de la preparación de un buen crítico:
1) Explicar sus puntos de vista al público general.
      Afrontémoslo, la mayoría de la gente, aún aquella asidua al teatro, no hace consciencia de las razones por las cuales les gusta o disgusta un trabajo, simplemente pueden asegurar si es bueno o malo pero no el por qué. Esto se debe a que, aunque les guste el arte, no les interesa conocer los tecnicismos, sólo disfrutar del resultado final. Entonces, llega un cuate que se pone a hablarles con palabras rebuscadas y términos desconocidos, señalándoles las carencias del trabajo que les gustó. Obviamente no aceptarán su punto de vista y crearán una barrera entre ambos. 

    El crítico debe ser suficientemente inteligente para hablar con los demás en términos sencillos, comprensibles y sonar como uno más de ellos (finalmente, lo es. Es, solamente, un público más). Ayudar a los demás a poner atención en los detalles que desconocían, aprender del arte pero sin hacerlos sentir menos. Al contrario, ayudarles a crecer como público.

2) Ver cada trabajo como si fuera el primero.
       El gran Stan Lee tiene como filosofía recordar que cada comic es, en potencia, el primero de alguien. Siempre buscaba ubicarlos, de forma sencilla y rápida, dentro del universo al que estaban entrando. 
       Aunque el mundo de las artes escénicas y el mundo de los comics de superhéroes no sea igual, el mismo principio se debe aplicar. Cosa que es mucho más difícil de hacer que de decir.
     Cada obra debe ser analizada por sí misma quitándonos de la cabeza las preconcepciones que podamos habernos creado al ver otras versiones o historias similares. Esto entra en una enorme contradicción, ya que, por un lado, deben tener un bagaje cultural superior al promedio para poder obtener las bases con las que elaborarán su crítica (no se puede saber qué es bueno y malo sin haberlos visto antes) pero, por el otro, deben dar su opinión como si fuera el primer trabajo que vieran en su vida.

       Definitivamente, la labor de un crítico es increíblemente complicada. Si no fueran tan necesarios en la comunidad teatral, no entendería por qué alguien se quisiera dedicar a dicha actividad.

      Por parte del público, ¿debemos atender ciegamente y aceptar como verdaderas todas las opiniones dadas por un crítico? Definitivamente no. Debemos hacer con los críticos exactamente lo que hacemos con las recomendaciones de nuestros amigos, escucharlas y tomarlas dependiendo de quién vengan. Es decir, no puedes crear una relación con alguien (y eso es lo que un crítico debe buscar crear con el público) basado en la primer crítica que leas/escuches de dicha persona. Sino ir descartando, poco a poco, los críticos cuyas opiniones disfrutes y tengan un gusto similar al tuyo. Ése será el que te podrá recomendar un trabajo que te guste. 
     Estamos apenas rascando la superficie de la difícil labor del crítico teatral. Esperen próximamente una nueva entrega de éste serial. Por lo pronto, quedo a sus órdenes y les comparto nuestras redes sociales para que nos hagan llegar sus opiniones sobre el tema. ¿Han encontrado al crítico indicado para ustedes?

Guillermo Herrera

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jueves, 12 de junio de 2014

Nuevo inicio

     Primero que nada permítanme disculparme, he descuidado éste blog. Tuvimos una temporada de ensayos pesados y no me di el tiempo de sentarme a escribir. Prometo que no dejaré que vuelva a suceder. Además de eso voy a organizarme para publicar más seguido, al menos 2 veces por semana, y compartirles algo más que simplemente las ideas de nuestro grupo acerca de lo que tanto amamos, el teatro. Así es que vamos a efectuar unos cambios en nuestras publicaciones.
        Ahora, vayamos directos a lo que queremos compartirles:
     Recientemente tuvimos un ciclo que, abruptamente, tuvimos que cerrar, al menos momentáneamente. Ésto nos obligó a crear un nuevo espectáculo antes de lo previsto (un par de meses antes que nos complicaron las cosas), proceso en el que nos encontramos ahora. Lo que quiero platicarles tiene que ver con ése proceso.
     Para subsanar un problema que se estaba gestando en los actores, problema bastante común por desgracia, estoy iniciando el nuevo proyecto de una forma que hace un par de años hubiese considerado impensable. Eso le da un sentido de mayor aventura al, ya de por sí, proceso lleno de incertidumbres y dudas que es comenzar un montaje teatral. No sólo me pregunto si las historias que voy a compartir resultarán interesantes para el público, si la forma de contarlas gustarán, si el tono y el ritmo seleccionados para la pieza mantendrán la atención de la gente, etc.; ahora, además de las dudas tradicionales, me aterra que el proceso seleccionado para trabajar con los actores sea inadecuado para ellos.

     Sin retrasar más lo que quiero decir, el problema que los actores estaban experimentando es la mecanización de los textos. Es decir, se aprendían las palabras tan específicamente que, cuando existía un cambio, no en la idea general sino en una simple palabra, los "descarrilaba" de su camino, se perdían, dudaban qué era lo que continuaba. En su momento, arreglamos el error haciendo ejercicios de escucha y obligándolos a parafrasear el libreto de manera que, se vieran forzados a olvidar las palabras aprendidas y responder a las ideas que les sugerían sus compañeros de escena. Los ejercicios funcionaron y salieron del error, llevando la función a un éxito, recibiendo una gran ovación del público asistente.
      Sin embargo, quiero que no volvamos a caer en ésa falta. Espero que los actores hayan hecho consciente el camino que los llevó a la gloria en la obra anterior para que apliquen lo aprendido desde el inicio del proceso creativo, en lugar de hacerlo como una solución. Como director confío ciegamente en los actores con los que trabajo pero me siento obligado a poner en práctica nuevas formas de hacerlos avanzar. Ése es el motivo de mi nueva aventura.
         El montaje que estamos preparando consiste en 4 obras cortas, cada uno en un tono y estilo diferente. Contrario a lo que los actores esperan de mi, no les he dado los libretos de las cuatro obras a presentar y, de aquellos que ya tienen, no les he dicho qué personajes pretendo que realicen cada uno de ellos. Es más, ni siquiera saben si tengo o no un elenco en mente.
        La idea de éste movimiento es impedirles que se vayan aprendiendo los textos. Obligarlos a trabajar en crear un mundo de ficción, a adentrarse en un universo tonal, a conocer las barreras de un estilo específico (lo cual les va a llevar a crear un personaje completo, al menos ese es el deseo) antes de "mecanizar" las palabras del personaje. 
      Me parece que esto, si bien los incomodará un tiempo, les facilitará la conexión, la escucha y la reacción a los impulsos de los demás. 

      Ése es el experimento que estoy llevando a cabo en estos momentos. Ya les iré contando cómo va ayudando o perjudicando el proceso de los actores. 
      Me gustaría saber qué opinan de la técnica que pretendo aplicar. ¿La han puesto en práctica? ¿Les funciona? ¿Tienen algún consejo que nos pueda ayudar? Les dejo la puerta abierta a todos sus comentarios. Gracias por su lectura.

Guillermo Herrera

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jueves, 1 de mayo de 2014

5 puntos a considerar al buscar una clase de actuación.

      Aprovechando que terminaron las vacaciones de Pascua, llegó a mi mente la posibilidad (deseo resulta una palabra más adecuada) de recibir un gran número de niños y jóvenes que, al ver mucho cine y televisión en su tiempo libre, decidieron que desean estudiar actuación y acercarse a sus astros de la pantalla. Sé que los motivos son endebles, sin embargo, sigan leyendo ya que al preparar éste escrito me encontré con numerosos problemas a los que un aspirante a clases de actuación está expuesto.


      Estudiar actuación es una maravillosa experiencia que, aunque no termines por dedicarte a éste bello arte, enriquecerá tu perspectiva sobre las cosas, entrenará tu cuerpo y mente en formas que no tenías previstas, te ayudará a sensibilizarte y empatizar con los demás, te dará herramientas de escucha y comunicación, te hará, en pocas palabras, más seguro de ti mismo. Repito, es una experiencia altamente recomendable.
      Sin embargo, cada día se abren nuevos talleres y cursos relacionados con el arte escénico. Prácticamente cualquiera que haya pisado un escenario se siente con derecho de ponerse al frente de un grupo de clases y "enseñar" su técnica al mejor postor. Así que, ¿cómo decidir cuál es la mejor opción para estudiar?
      Antes que nada permítanme aclarar que, como profesor, sería bastante anti-ético vanagloriarme de los cursos que imparto y/o las escuelas en que laboro, por lo tanto intentaré escribir de la manera más objetiva posible, me referiré a casos muy generales y me abstendré de nombrar ninguna escuela/profesor para no resultar tendencioso en ésta publicación. Me limitaré, entonces, a enlistar los puntos que considero más importantes al momento de elegir una escuela/curso de actuación.

1-. Presentaciones de fin de cursos

      Por lo general, las escuelas de arte presentan al público general una muestra de lo que sus alumnos trabajaron durante el período. Montan espectáculos con el objetivo de enseñar a la sociedad lo que pueden hacer con el objetivo de atraer nuevos educandos.
Es recomendable que averigües si la escuela que te interesa cuanta con éste tipo de presentación y, de ser posible, que asistas a verla. Aunque no te recomiendo que tomes una decisión basado únicamente en dicha función.
      Si bien es cierto que si la presentación te aburre prácticamente puedes tachar a ésa escuela de tu lista (supuestamente están presentándote lo mejor del curso. Si eso es, en tu opinión, malo...). Sin embargo, ten cuidado con los shows apantallantes. 
      Todas las escuelas saben que éstas funciones ayudan, potencialmente, a obtener nuevos alumnos y, digámoslo de una vez, es negocio tener muchos asistentes a nuestros cursos. Por ello se esfuerzan en mostrar algo muy ostentoso a veces, de manera consciente, dejando de lado el aprendizaje de los alumnos. Es decir, por crear un espectáculo muy vistoso, manejan a los alumnos como si fueran marionetas, harán algo muy lindo aunque no aprenderán cómo ni por qué. Ésto es particularmente usado en los cursos de verano en los cuales se toma como pretexto la brevedad de las clases. 
      

      No te dejes deslumbrar y mejor haz lo siguiente:

2-. Investiga quiénes son los profesores

      No creo que haya disputa en la afirmación de que una escuela es tan buena como sus profesores. Por ello, antes de inscribirte a un curso, investiga bajo la tutela de quienes vas a estudiar. Averigua qué trabajos han hecho y, si tienen en esos momentos una obra en escena y tienes oportunidad de ir, ve su trabajo.
      El objetivo de verla no es para juzgar si dicha persona es un buen actor/director, o si te gusta o no su función. Definir lo bueno o malo de un trabajo/grupo/actor solamente por una función es un trabajo muy complejo (ya lo analizaremos en nuestra 2° publicación sobre los críticos) y quizá no estemos capacitados para ello. Pero todos podemos definir si lo que vemos en escena se parece a lo que buscamos que nos enseñen.
      Además, es importante saber si los profesores se encuentran activos en el quehacer teatral. Parecería broma, pero conozco escuelas cuyos maestros llevan un mínimo de 8 años sin realizar un trabajo profesional. 
      Igualmente peligroso sería encontrar el caso contrario, que aquel que esté frente al grupo sea un "chile de todos los moles", es decir, que acepta cualquier trabajo al que lo invitan. Ésto es muestra de una persona con muy poca discreción de lo que es un buen trabajo y el esfuerzo que lograrlo, requiere.

3-. Duración del curso/Programa de estudios

      ¿Qué vas a estudiar? ¿Cuánto tiempo va a durar? ¿Por qué tanto/tan poco? Son preguntas que deben estar en la mente de todos al momento de buscar un taller. 
      Seamos realistas, el teatro es un arte complejo, decir que voy a tomar una clase de actuación y que en 6 meses sabré todo lo referente a él, es una gran mentira. Llevo 12 años estudiando y sigo aprendiendo cosas nuevas.
      Es importante que se nos aclare qué aspecto del teatro vamos a estudiar y por cuánto tiempo. Ambas respuestas deben ser coherentes. Es decir, si pretenden enseñarte todo lo referente al teatro Isabelino, contexto histórico, técnicas, análisis etc.; en 4 sesiones de 1 hora, te están mintiendo descaradamente o el ofertante del taller desconoce la complejidad de lo que pretende enseñar lo cual, me gustaría decir que no ocurre pero no pretendo mentirles. Ése tipo de talleres solo son eficaces en las bromas.
      Igualmente ten cuidado con los talleres que no tienen una duración definida. Si bien es cierto que la preparación de un actor nunca termina, ésta falta de claridad es, generalmente, resultado de la poca preparación del curso por parte del educador. Quizá sepa mucho de lo que quiere enseñar pero sin un plan claro, va a ser difícil que nos eduque aprovechando al máximo nuestro tiempo.

4-. Clases de prueba

     Casi todos los talleres ofrecen ésta facilidad. Aprovéchala. Asiste y ve si te sientes cómodo con el sistema de trabajo, con el lugar del taller, con los compañeros y, muy importante, con el profesor.
      No te quedes con dudas. Si te ponen a hacer un ejercicio que no entiendes su finalidad, pregunta al respecto. Quizá en algunas ocasiones te puedan dar respuesta hasta que lo hayas experimentado pero, si hiciste la pregunta, al final del ejercicio deberían darte respuesta. En caso de que el profesor no sepa explicar para qué los pone a hacer tal o cual ejercicio, es señal de que esta repitiendo, cual perico, las clases que a él le pusieron a hacer cuando era estudiante. Alguien así no debería estar al frente de un grupo.

5-. Trato

      Cuando tomas una clase, vas a pagar por ella. Eso implica que deben tratarte adecuadamente. 
    Si el profesor es hiriente, abusivo o insultante, huye de ahí. Corregir un error no es pretexto para descargar sus propios traumas existenciales. No es lo mismo ser duro y exigente, que ser humillante. 
      Las instalaciones también son importantes. Es cierto, no siempre existen las posibilidades de ofertar un taller en lugares fastuosos, reconozco que en ocasiones he tenido que dar clases en parques públicos, pero siempre se debe buscar la comodidad, la limpieza y se debe advertir dónde y por qué en esos lugares, uno tomará la decisión de aceptar o rechazar la clase.
      Lo importante es que te traten con dignidad.

      Para cerrar, me gustaría decir que no te aterres a la hora de tomar una decisión. Al fin y al cabo, a todos les podemos aprender algo y nadie va a ser capaz de enseñarnos la "neta del planeta". Lo ideal es tener varios profesores, aprender distintas técnicas o diferentes puntos de vista sobre un mismo tema y, en base a ello, ir creando nuestro estilo personal. Esto es un viaje largo pero hermoso.

Guillermo Herrera

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viernes, 4 de abril de 2014

Los Críticos. 1° parte

     Recuerdo la primera vez (y única, desgraciadamente) que un crítico de teatro habló de mi trabajo. Fue hace ya varios años, en una pequeña obra que habíamos montado para finalizar los trabajos de un taller. Recuerdo la indignación que despertó en mis compañeros (especialmente en Paloma Vázquez, miembro fundador de éste grupo) los hirientes términos con que dicho crítico (cuyo nombre no recuerdo) se expresaba de mi trabajo, aunque se refería a mí con el nombre de otro de mis compañeros... parece que para escribir su nota no se molestó siquiera en leer el programa de mano. Pese a la negatividad de la publicación, yo me sentía en éxtasis, ¡era la primera vez que alguien se tomaba el tiempo de escribir acerca de mi trabajo! 
     Quizá suene patético estar feliz por una mala reseña, pero era un joven actor apenas empezando en el negocio. Tenía la ilusión de seguir trabajando y, con cada nuevo montaje, ser reconocido por la misma persona como un actor imprescindible en la escena tapatía (nuevamente, ésto pasó hace muchos años). Sin embargo, ésa fue la única vez que escribieron sobre nosotros en el periódico local. En la comunidad teatral de Guadalajara, la segunda ciudad en importancia de México, una de las que más trabajos escénico tiene al año, no cuenta con la importante figura del CRÍTICO. Algunos esfuerzos independientes se han hecho, pero no suelen durar mucho y terminan siendo desanimados por una indignada comunidad de actores con el ego herido.
       Lo anterior despertó en mi la pregunta, ¿para qué sirven los críticos?



     Primero que nada, déjenme compartir mi punto de vista en ése viejo y ofensivo chiste que reza que todos los críticos son, únicamente, actores frustrados. No conozco a nadie que empiece a estudiar una carrera, un taller, un diplomado etc., de actuación con la ilusión de convertirse en el mejor crítico de teatro que el mundo haya conocido. Tampoco a nadie que entre en el mundo del espectáculo con la ilusión de ser vestuarista, iluminador, diseñador de maquillaje o alguno de los muchos trabajos necesarios en la creación de una función teatral, incluso el de escritor de un blog quincenal. Todos vamos descubriendo dichos oficios mientras nos adentramos más en el maravilloso mundo del teatro y las circunstancias nos van llevando a cada uno de ellos. Con dicha lógica deberíamos decir que todo productor, director, telonero y todos los miembros de la comunidad teatral, incluidos los críticos, son sólo actores frustrados. Sin embargo, no lo son.
     Un verdadero error que cometemos los pobres actores es ver al CRÍTICO como un enemigo a vencer. Si lo viéramos como un aliado todo sería más sencillo.
    Como comenté en la publicación del 26 de febrero,  considero un enorme error empezar el proceso creativo a partir de lo que otro quiere o piensa. Eso descarta la necesidad de un CRÍTICO, ¿no es así? No, porque su función no es en la parte del proceso creativo, sino una vez que éste ha terminado. Su labor es funcionar como un nexo entre el creador y el público. No, no me refiero a que se dedique a publicitar tal o cual obra, sino a ayudar al público en  la decisión de cuál de todas las opciones teatrales vale la pena gastar su tiempo y dinero.
     Un CRÍTICO no se dedica únicamente a decir qué es bueno y qué es malo, sino a comentar con el público general, aquel que no tiene conocimiento técnicos sobre actuación, en qué estilo se desarrolla tal o cual obra; de tal manera que alguien que busca disfrutar de una comedia ligera, no termine aburriéndose en una pieza filosófica que únicamente logrará hacerlo babear el asiento y molestar a todo mundo con sus sonoros ronquidos. 
     Para éso sirve un CRÍTICO, para ayudar a las personas a elegir una obra que se ajuste a sus gustos, para aumentar las posibilidades de ver una función que disfruten. Ésa es una valiosa labor. Después de todo, un público que se divierta en el teatro es más proclive a regresar.

Guillermo Herrera
     Ésta es la primera parte de todo lo que quiero decir acerca de éste complicado tema. Aún así, gracias por leernos y quedamos abiertos a sus críticas al respecto a través de nuestras redes sociales:

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viernes, 21 de marzo de 2014

Artista y público, binomio simbiótico.

     Todos aquellos que nos dedicamos a la creación de obra artística, sin importar a qué arte nos dediquemos, tenemos algo en común, pasamos años preparándonos, aprendiendo técnicas, desarrollando las habilidades necesarias para hacer aquello que amamos. Y, por regla general, el proceso creativo es suficiente para hacernos felices. Sin embargo, la creatividad en sí misma no es suficiente para subsistir. Nos guste o no precisamos vender nuestra creación para obtener recursos para vivir y seguir creando. Es en éste punto donde se ponen los verdaderos bemoles de nuestra actividad.
        No voy a hablar sobre las personas que, en pleno siglo XXI siguen aceptando la romántica idea de que, para que el arte pueda ser llamado así, debe crearse sin aspiraciones monetarias. Por muy respetable que sea su punto de vista yo, como muchos de nosotros, tengo la necesidad de comer para vivir y no creo que buscar ganar dinero con lo que sé hacer sea, necesariamente, "prostituir mis habilidades artísticas".
        No sé si comparten mi experiencia pero a mi me ocurrió que, al salir de la escuela y enfrentarme a la actividad profesional, me quedé con un enorme signo de interrogación en el rostro, ¿ahora cómo le hago para ganar dinero? ¿Ahora como vendo mi producto?


        Ésa es la palabra clave, me parece, vender. El arte, como cualquier otra actividad humana, está sujeta a las reglas de la economía de mercado. Siempre habrá alguien que lo desarrolle mientras exista otro que desee adquirirlo. ¿Por qué, entonces, es tan difícil encontrar a ése comprador?
      Les compartiré la conclusión a la que me he llegado, el arte no tiene ninguna utilidad práctica. No podemos comerlo, no podemos abrigarnos con él, no nos proporciona estatus (hay algunos que sí lo usan para ello pero, por lo general, resultan ser unos pomposos "coleccionistas").
         Lo anterior no quiere decir que el arte sea inútil, cualquiera que ya haya sido "picado por el bicho de la estética" te puede asegurar que ser público recurrente le produce un placer, le ha cambiado la vida.
Aún así, ¿cómo le das a entender un intangible a alguien que no lo conoce?
      Existen intentos, todos podemos ver como hay maestros que, en su búsqueda por inculcar el amor al arte a sus educandos, los arrastran a teatros, galerías y salas de conciertos. Pero, ¿es suficiente? Pensando un poco más pesimista, ¿funciona?
       Existen muchas historias de personas, artistas, que relatan cómo ésa primera vez que fueron al teatro, de la escuela o con sus padres, se despertó en ellos algo hasta esos momentos desconocido. Sabían, en ese momento, que habían encontrado su destino. Por muy hermosos que resulten éstos relatos, debemos aceptar que la realidad nos manda que la mayoría de las personas no funcionaremos de esa forma, no todos tenemos la fortuna de enamorarnos del arte de forma tan fortuita. Sin embargo, todos tenemos la capacidad de sentir, ya sea como público o creativo, afinidad al arte.
       De entrada, un muchacho cuyos padres no lo acercaron a las.artes durante su tierna infancia, tienen muy pocas posibilidades de desarrollar una afición por el mismo. Entonces, ¿es completamente inútil el esfuerzo de los profesores? Me niego a pensarlo así, aunque sí creo que es deficiente.
     Mis conclusiones las obtengo de analizar la respuesta de mis compañeros y amigos de escuela. Todos fuimos a ver las mismas exposiciones, los mismos conciertos, las mismas funciones de teatro y danza; aún así, sólo yo me dedico a ésto. Peor aún, cuando empecé a trabajar profesionalmente e invitar a mis ex compañeros a mis funciones, llegué a recibir la respuesta, "a mí no me gusta el teatro. Iba porque nos obligaban". Difícilmente la respuesta de alguien que ha visto más de una decena de obras, ¿cierto?
     Ver teatro, escuchar música, leer etc. es importante. Nadie puede hacerse público del arte sin estar expuesto constantemente al mismo. Sin embargo, eso no es todo. El arte es una actividad social, es una cultura que se genera mediante la interacción con los demás. Lo más rico y emocionante de ir al teatro no ocurre al estar sentado disfrutando de la obra, sino después, al estar con los amigos, la familia, tomando un café e intercambiando experiencias, platicando lo que a cada quien le gustó o no del trabajo que presenciaron. 
      Hay que hacerle saber a la gente que, sea la primera vez o la enésima que presencia un trabajo artístico, su opinión es importante y válida. No se necesita ser experto para tener un gusto, ése se tiene por aquello que conoces y se desarrolla y hace más exigente mientras veas más cosas. Quitémosle el velo de snobismo al arte. El arte es para todos.
      La próxima vez que veas a un muchacho de secundaria en una galería, haciendo malabares para sostener su cuaderno y escribir sin tropezar, copiando la información que viene en los tarjetones bajo el cuadro, acércate y platica con él sobre la obra que están viendo. Es cierto, existe una enorme posibilidad de que te manden al diablo por metiche, pero también puede ser que logres tocar y sacar del letargo a un futuro público del arte. Si tu disfrutas ésta actividad, compártelo con el mundo.

Guillermo Herrera

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